"En México, los artistas son más importantes que los políticos."
-El primer ministro de India
Al principio de la revolución mexicana de 1920, fue un tiempo de reformas sociales, pero también sirvió como un catalizador para un estilo de arte nacional. El medio más popular era litografía porque la técnica y las obras eran más baratas para hacer y distribuir a la gente ordinaria. Pero, el medio más popular para la gente común era el mural. Los artistas utilizaron un medio para la gente mientras formaron un estilo nacional de arte de México.
Los artistas empezaron pintar obras sobre la revolución mexicana para José Vasconcelos, la Secretaría de Educación Pública, quien realizó su plan político para México entre 1921-1924. Utilizaba su poder como la Secretaría para comisionar obras para el público. Quería que los artistas jóvenes pintaran murales en lugares públicos. Comisionó obras de Diego Rivera y sus discípulos. Rivera pintó "Patio del Trabajo" y la más famosa "Patio de las Fiestas" con veinte y seis tableros. Los temas esclarecieron la importancia de las fiestas y las tradiciones. La mayor importancia era el tema de la opresión de los pobres. En "Patio de las Fiestas," Rivera eficazimente demonstraba la tensión entre las clases sociales. A la izquierda, los geológicos representan la importancia del suelo para las indígenas mientras a la derecha, los soldados, con armas y con balas, conquistan a los pobres. También, Rivera produjó obras con pobres trabajando para los ricos en el campo. En muchas de sus obras, los pobres están representados como Cristo: los sombreros parecen halos y los palos, parecen cruzes, significando la refleción de Cristo. Pero, Diego Rivera fue uno de los tres muralistas más grandes de 1920. Los artistas más populares de muralismo y litografía fueron Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, y José Clemente Orozco. "Los tres grandes" establecieron una fundación para el movimiento moderno del arte mexicano y producieron muchos artistas del estado. Y, un artista que trabajabo con Rivera fue Emilio Amero.
Emilio Amero nació en Ixtlahuaca, México en 1901. Cuando tenía ocho años, su familia se trasladó a la Cuidad de México donde Amero conoció a Rufino Tamayo quien sería su compañero en el futuro (González, 164). Orientó su educación hacia las artes y acabó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos y la Escuela libre de Santa Anita Ixtacalco.
Trabajó con Orozco y Rivera en la decada de 1920, en los murales de la Escuela Nacional Preparatoria y pintó frescos en la Secretaría de Educación Pública (González, 164). Con más reconocimiento, Amero dibujó para Contemporáneos, una revista que "referencia de finales de los años veinte y principios de los años treinta" y que representaba las ideas "contra los excesos del nacionalismo cultural, siempre defectuosos por lo demás, y por su consecuencia apertura al desarrollo de la cultura moderna (González, 163)." Pero, cuando Vasconcelos renunció a su posición, Amero se mudó a los Estados Unidos.
En los Estados Unidos, Amero se concentró en la técnica de litografía, y creó un taller de litografía. En 1946, se trasladó a Oklahoma para enseñar en la facultad de arte de la Universidad de Oklahoma. En los Estados Unidos, perfeccionó el arte de litografía. Virginia Stewart en 45 Contemporary Mexican Artists, elogió a Amero como un artista perfecto de litografía con paciencia y destreza experta.
Con pasión y fuerza, el hombre sencillo, produció muchas obras en las habitaciones y dirigió el museo. Produció el mural en Kaufmann Hall de la Universidad de Oklahoma "The Pan-American Family" de 1959. Su creación de un taller de litografía y su continuación de enseñar con pasión y humildad, sus memorias favoritas de su vida en los Estados Unidos.
Vivió en los Estados Unidos hacía mucho tiempo, pero él nunca se olvidó su país: México. Continuó experimentando con fotografía y tomando fotos de la gente pobre de México. Las fotos muestran las vidas ordinarias en México; la opresión, pobreza y injusticia. Los pobres desnutridos, sin oportunidad, llenaban de sus fotos. Las manos, ásperas y fuertes, construyen obras maravillosas. Aunque no era famoso como Rivera o Orozco, hizo una contribución sin precedente. Un artista, no espectacular, pero un participante activo en el arte, o sea, la sociedad.
Bibliografía: González, Julio. Fotografía Mexicana. IVAM Centre. Valencia, Espana. 1998, p. 163-179.