Kurt
Reichenberger & A. Robert Lauer
Misión del Coloquio
Cervantes:
Promover el intercambio de ideas sobre
el Quijote y otras obras de Cervantes a nivel internacional para
estudiar su sentido y extraer su significado.
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Índice:
ASUNTOS CRÍTICOS
ANTERIORES:
Teclear
el número correspondiente:
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Cuatro ensayos de varios estudiantes
graduados sobre el Quijote (leídos en el otoño de
2005 para el primer congreso anual de Tierra
Tinta [Norman, Oklahoma, EEUU):
Ann Louise Cole
University of Arkansas
Department of Foreign Languages
Fayettesville, Arkansas 72701 – USA
E-mail: <alcole@uark.edu>
El personaje cervantino de Dorotea como crítica del recurso teatral
de la mujer disfrazada
Cuando Cervantes
escribió el primer tomo de su obra maestra El ingenioso hidalgo
don Quijote de la Mancha, tenía plena conciencia de la controversia
teatral en torno a las mujeres disfrazadas de hombres. La popularidad de
este recurso argumental fue enorme en la época de Cervantes. De
hecho, de las 460 comedias que estrenó Lope de Vega, 113 contenían
una mujer disfrazada, y de las obras de Tirso, 21 de sus 84 comedias la
tenían como parte fundamental del argumento (Smith 86). Aunque el
recurso gozó de popularidad con el pueblo español, fue condenado
como peligroso e inmoral por los eclesiásticos. El mes de
abril de 1600, un conjunto de cuatro teólogos y cuatro miembros
del consejo del rey formó una lista de restricciones teatrales (Rennert
211-212). Según el mandato, se prohibió a las actrices
vestirse de hombre y se sugirió que quizá fuera mejor utilizar
a jóvenes para desempeñar los papeles de mujeres en vez de
actrices (213). E se mandato nos causa preguntar, ¿por qué
fue tan controversial la mujer disfrazada de hombre en el teatro?
Quizás por el énfasis que el recurso pone en la sexualidad,
en particular en la sensualidad de la mujer vestida en ropa varonil, o
tal vez por la inestabilidad social creada por la inversión de papeles
sexuales en el recurso que incluye la tensión homosexual y la inverosimilitud
de las convenciones sociales. El personaje cervantino de Dorotea refleja
estas controversias como un tipo exagerado del recurso teatral.
En el teatro
del Siglo de Oro, una mujer vestida de hombre era excitante para los hombres
en la audiencia (Smith 86). La ropa varonil, como los pantalones, revelaba
el cuerpo femenino, como los pies, las piernas, y el trasero, más
que la ropa de mujer de la época que cubría todo de la cintura
para abajo con una falda larga (368). Cuando se permitió el recurso
teatral en los mandatos de finales del siglo XVII, fue con la provisión
de que la mujer solamente pudiera vestirse de hombre de la cintura para
arriba, con los pies y las piernas cubiertas por una falda (360). La exposición
del cuerpo femenino probablemente fue el asunto más controversial
en cuanto al recurso de la mujer disfrazada de hombre y la cosa más
condenada por los críticos: “To theologians, moralists and legislators,
theatre always threatens to become a place of legalized promiscuity where
sexual norms are publicly flaunted” (360). Aunque era malo mostrar el cuerpo
femenino, era mucho peor que una mujer bailara o moviera el cuerpo de una
manera sensual cuando llevaba ropa de hombre porque esto acentuaba todas
sus curvas.
De hecho, una
de las razones por las que los teólogos del conjunto de 1600 se
oponían a la apariencia de las mujeres en el teatro español
era por su “desenvoltura”. Según ellos, esa desenvoltura tenía
el efecto de excitar malos pensamientos en los hombres (Rennert 213).
En su Apología de la defensa de las comedias, Francisco Ortiz
critica fuertemente este aspecto del recurso en las comedias cuando dice,
“Pues ha de ser más que de hielo el hombre que no se abrase de lujuria,
viendo una mujer desenfadada y desenvuelta, y algunas veces para este afecto
vestida como hombre, haciendo cosas que moverán un muerto” (Heise
368).
Ahora bien,
¿cómo refleja a Dorotea esta controversia? Dorotea no es
mujer de carne y hueso que se hace actriz sino un personaje ficticio de
un libro. Aunque ella no sea actriz ni personaje de las comedias
de Lope de Vega ni de Tirso de Molina, no debe sorprendernos que Dorotea
sí comparta rasgos con el recurso teatral de la mujer disfrazada.
Cervantes soñaba con ser un dramaturgo famoso, aunque ello no fue
posible por la popularidad e influencia que tenía Lope de Vega.
Como hemos visto, muchos de los dramas de Lope tienen que ver con una mujer
disfrazada; sin embargo, en la época en que escribió Cervantes
su novela, por el mandato de 1600 las mujeres no podían vestirse
de hombre en el teatro español. Aunque este mandato limitara
los tipos de personajes que podía crear Lope, no afectaba de ninguna
manera a la creación de los personajes cervantinos. De esta manera
Dorotea representa irónicamente la justicia poética de que
Cervantes sea considerado el mejor dramaturgo por crear su drama en forma
de libro que no tenía que seguir las restricciones impuestas en
el teatro.
Ahora vamos
a enfocarnos en ejemplos específicos que muestran cómo Dorotea
refleja la sexualidad asociada con el recurso de la mujer disfrazada.
El narrador, como dramaturgo, quiere crear una tensión en el lector/espectador
y lo hace por su descripción ambigua del personaje de Dorotea.
Al principio del capítulo 28, cuando por primera vez conocemos a
este personaje, ella está descrita como un “mozo vestido como labrador”
(Cervantes 344). Desde el principio de este episodio, el narrador hace
hincapié en la ropa, lo cual es una pista al lector que las apariencias
pueden ser engañosas. El narrador sigue este juego cuando
describe los pies del mozo “que eran tales, que no parecían sino
dos pedazos de blanco cristal que entre las otras piedras del arroyo se
habían nacido” (345). Sigue esta descripción del cuerpo de
mozo con las polainas que están levantadas hasta la mitad de las
piernas, que según el narrador son como “blanco alabastro” (345).
El narrador demuestra las connotaciones sexuales en cuanto a los pies y
las piernas por su descripción de ellos en términos románticos
que se hacen eco de las descripciones de la amante en la poesía
amorosa, como “blanco cristal”, “blancura” y “belleza” (345).
Describe la
ropa de este mozo al detalle como un capotillo que es muy ceñido
(345). Los hombres no suelen llevar la ropa ceñida y de este modo
es obvio que el propósito de esta escena es poner aún más
énfasis en el cuerpo para mostrar la figura del mozo y cómo
le queda el capote. Es interesante que cuando describe la ropa de
este mozo se enfoque el narrador en cómo no cubre todo el cuerpo
y cómo muestra la forma del cuerpo, como las polainas o la montera,
con descripciones designadas para describir la ropa en términos
de su sex-appeal. También es interesante que los hombres decidan
esconderse para mirar al mozo, como espectadores, lo cual refleja lo que
ocurre en el teatro y de una manera simbólica lo que ocurre en la
sociedad, donde el punto de vista dominante del hombre, “relegating woman
to the position of object, other, one who cannot see herself as subject,
or as real” (Smith 87). Dorotea es relegada al puesto de símbolo
sexual. Conocemos más tarde en su historia que junto con don Fernando,
quien hurtó su honra, ella ha sido perseguida por los deseos lascivos
de su criado y por un ganadero en la sierra (Cervantes 357-358). Ella realmente
es irresistible y el narrador la pinta así con más sex-appeal
en su ropa de hombre que la que quizá tiene la hermosa Luscinda.
Si fue tan inmoral
tener las mujeres vestidas de hombre en el teatro español ¿por
qué no se prohibió tener actrices en los teatros, y sólo
permitir a los jóvenes desempeñar los papeles de mujeres,
como en el teatro inglés? En el mandato de 1600 se sugirió
el uso de jóvenes en lugar de mujeres por esta razón y se
mandó que si los jóvenes desempeñaban los papeles
de mujeres no pudieran maquillarse. Sin embargo, inmediatamente después
de sugerirlo, se explicó que parecía peor usar jóvenes
para desempeñar los papeles de mujeres que usar mujeres (Rennert
213). ¿Por qué decidió que fue peor usar jóvenes
que mujeres en el teatro? Una respuesta posible es para no hacer
hincapié en la práctica de la homosexualidad. Un aspecto
peligroso de la práctica de utilizar jóvenes en los papeles
de mujeres es la afeminación del joven. Al prohibir el uso
del maquillaje, el conjunto pensó menospreciar esta preocupación.
Sin embargo, para la realización completa del efecto dramático
en las comedias, la audiencia tenía que aceptar una relación
romántica entre un hombre y un joven. Por lo tanto, la afeminación
del joven era un requisito para la aceptación del argumento del
drama. Al usar mujeres no corrían el riesgo de proveer un
modelo de amor homosexual. Sin embargo, con la inversión sexual
de papeles que la mujer disfrazada de hombre representa, hay una tensión
homosexual creada por el dramaturgo que sigue no resuelta hasta el descubrimiento
de su sexo femenino. De esta manera, “The playwright has captured
his audience with a flirt with the forbidden, and then satisfied societal
dictates by restoring all to order by the conclusion” (Smith 87).
Esta tensión
está presente en el primer episodio con Dorotea. Aunque haya
huellas de que Dorotea sea una mujer disfrazada por el lenguaje que usa
el narrador para describirla, los personajes de Cardenio, el cura, y el
barbero no se dan cuenta de este hecho hasta que ven su cabello.
Sin embargo, antes de este momento, ellos sienten una atracción
sexual hacia “el mozo”. Cuando ellos ven al “mozo” por primera vez,
enfocan su atención en los pies de él por la hermosura de
ellos: “Suspendióles la blancura y belleza de los pies, pareciéndoles
que no estaban hechos a pisar terrones, ni a andar tras el arado y los
bueyes, como mostraba el hábito de su dueño . . .” (Cervantes
345). Es posible que la reacción de ellos no fuera debida
a una atracción sexual sino por pura curiosidad de cómo un
labrador podía tener los pies tan delicados. Sin embargo,
por lo que hacen después de esta curiosidad inicial parece que su
deseo es más que una curiosidad inocente. En vez de hablar
con este mozo y preguntarle quién es, deciden, por recomendación
del cura, esconderse. El acto de esconderse nos muestra que no quieren
que el mozo sepa que allí están porque quieren observarlo.
Una de las razones más importantes para condenar el recurso de mujeres
disfrazadas en el teatro fue la mirada lasciva de los hombres, y aunque
piensan que es un mozo todavía, el mismo concepto es aplicable.
Cardenio hace su atracción ostensible por lo que dice en cuanto
al mozo: “Ésta, ya que no es Luscinda, no es persona humana, sino
divina” (345). Al comparar la hermosa cara del mozo con la de su
amante, Cardenio nos muestra que su atracción hacia el mozo tiene
un lado sexual. Al fin, cuando se dan cuenta de que no es mozo sino mujer,
esta atracción es considerada aceptable. Sin embargo, es importante
acordarnos de que antes de la revelación de su sexo femenino, los
hombres sentían atracción sexual hacia Dorotea.
Además
de ser peligroso por excitar emociones sexuales, el recurso de la mujer
disfrazada corría totalmente en contra de las normas tradicionales
de la sociedad española. Las comedias daban lugar a la ruptura
de los papeles de sexo convencionales, lo cual, bajo la perspectiva de
los teólogos, era cosa muy peligrosa, incluso quizá un pecado
mortal (Rennert 212). Sin embargo, esta inversión de papeles
fue muy popular entre el vulgo. El recurso de verkehrte Welt, todo
revuelto, es una manera de jugar con las normas sociales para captar la
atención e interés de la audiencia, pero al fin regresar
y afirmar el orden social convencional (Hotchkiss 97). En muchas obras
seglares de la literatura y el teatro medieval y renacentista, la justificación
para la mujer que se viste de hombre es el uso de la autoridad masculina
para recuperar su estado social y sexual que ha sido interrumpido por el
abandono del marido: "A husband’s enforced or voluntary absence serves
as the impetus for disguise . . . without a husband,
the woman is no longer a wife; as the male disguise signifies, the absence
of the husband literally results in a loss of sexual
identity" (Hotchkiss 83, 96). Una cuestión importante en la
historia de Dorotea es el matrimonio clandestino en relación con
su honra. Según los documentos históricos, el amor
clandestino en los tiempos de Cervantes no era cosa rara, de hecho, “.
. . the oral promise to marry, above all if that pledge was sexually consummated,
was sufficient for many couples and their communities’ legal structures
for them to be considered married” (Smith 37). Por eso, Dorotea jura
que es la verdadera esposa de don Fernando porque aunque fuera un matrimonio
clandestino fue matrimonio legal. Por eso, era imprescindible que Dorotea
mostrara que no era mujerzuela cuando describía su situación
a los demás y que realmente entró en un matrimonio y no en
una aventura amorosa.
Ella describe
su honestidad en cuanto a no ser vista por ningún hombre cuando
dice que no salía de la casa salvo para ir a misa por la mañana
muy temprano con su familia, que tenía una doncella con ella siempre,
y que las puertas estaban siempre cerradas para protegerla (Cervantes 349-350).
Sin embargo, hay mucha ironía en la historia de ella como mujer
casta y honesta. Por ejemplo, cuando ella se da cuenta de que don
Fernando está en su aposento, ella nos cuenta que por su miedo tremendo,
le quitó la vista de los ojos, enmudeció la lengua, y no
tuvo fuerzas para defenderse (351). Sin embargo, cuando el criado
trató de violarla, ella le dio un golpe tan fuerte que ella no sabía
si él estaba muerto o vivo; también cuando el ganadero trató
de hacer lo mismo, ella se escapó. Esto nos hace preguntarnos,
¿por qué no usó ella tantas fuerzas contra don Fernando?
Otra ironía
en su historia es la manera en que jura don Fernando ser el esposo de ella
con “. . . palabras eficacísimas y juramentos extraordinarios” en
la presencia de los testigos de “los cielos, a quien ninguna cosa se esconde,
y esta imagen de Nuestra Señora . . .” (352-353). El uso de
una imagen de la Virgen María como testigo en un matrimonio clandestino
que tiene como propósito verdadero justificar el acto de tener relaciones
sexuales parece lleno de ironía. También la manera
en que ella describe las palabras de él como “eficacísimas”
y “extraordinarias” sugiere que ella sabía que se trataba de una
seducción en vez de un matrimonio, y ésta es la verdadera
razón de su confusión emocional después de la salida
de él. En realidad, ella sabía que era seducción
pero esperaba que fuera matrimonio (354).
Aunque Cervantes
nos da una resolución a la historia de Dorotea y don Fernando, no
es necesariamente un fin satisfactorio. Un problema general en las
comedias que contienen una mujer disfrazada es que aunque el fin del drama
refuerza la estructura convencional del poder patrimonial, la protagonista,
en este caso Dorotea, ya ha proveído un modelo a imitar por su inversión
de papeles sexuales que ha puesto en duda la validez de estas normas y
por eso también ha puesto el desenlace convencional en duda (87).
Este problema
aparece al fin del episodio entre Dorotea y don Fernando en el capítulo
36. Mientras ella está en la sierra, describe a don Fernando
con palabras como “traidor” y “mortal enemigo” (Cervantes 350, 354).
Sin embargo, cuando lo encuentra en la venta le ruega con “tanto sentimiento
y lágrimas” y “tantos sollozos y suspiros, que bien había
de ser corazón de bronce el que con muestras de tanto dolor no se
enterneciera” (451-452). En este punto don Fernando decide abrir
los brazos y libra a Luscinda, pero no con el propósito de aceptar
a Dorotea sino de atacar a Cardenio para vengarse. Dorotea interviene al
abrazarle las rodillas a don Fernando, besándolas, y rogándole
aún más emocionalmente que antes. Este comportamiento
por parte de ella está en contra de los sentimientos elucidados
por ella antes cuando estaba en la sierra. Sin embargo, su comportamiento
no es el único que experimenta un cambio radical. Después
de vacilar, don Fernando acepta la situación y bajándose
para estar más cerca de Dorotea le dice: “Levantaos, señora
mía; que no es justo que esté arrodillada a mis pies la que
yo tengo en mi alma, y si hasta aquí no he dado muestras de lo que
digo, quizá ha sido por orden del cielo, para que viendo yo en vos
la fe con que me amáis, os sepa estimar en lo que merecéis”
(454). El narrador, probablemente Cervantes, añade en este
punto para hacer la vuelta a la normalidad aún más conmovedora,
que los sentimientos de él hacia ella son tiernos y que “le fue
necesario tener gran cuenta con que las lágrimas no acabasen de
dar indubitables señas de su amor y arrepentimiento” (454).
Aunque este regreso a las normas tradicionales nos da un final feliz para
Dorotea y don Fernando, realmente es un fin inverosímil y cursi.
Por las acciones engañosas de don Fernando y por su vacilación
hasta el momento final, nos da la impresión de que sus palabras
son vacías, como los juramentos y promesas amorosos que le dio a
ella en su aposento. Por eso, el desenlace de la historia de Dorotea
y don Fernando, en vez de alabar el reestablecimiento del orden social,
nos hace pensar que es un final feliz igual al de otra novela de Cervantes,
La
fuerza de la sangre.
En conclusión,
aunque Dorotea es un personaje ficticio del libro cervantino, comparte
unos rasgos con los personajes de los dramas populares que incorporan una
disfrazada y las actrices que los desempañan. Por un lado,
ella refleja las preocupaciones en cuanto a la sexualidad de las mujeres
en la sociedad que el recurso acentúa. Por otro, ella demuestra
los defectos intrínsicos del argumento que tienen las comedias con
una mujer disfrazada en cuanto a la inverosimilitud y subversión
de las normas sociales que presentan. A través de Dorotea,
que es un tipo exagerado del recurso, Cervantes muestra lo ridículo
del mismo recurso y crítica a los dramaturgos que lo usan, en particular
a Lope de Vega y a Tirso de Molina.
Obras citadas
Bravo-Villasante, Carmen. La mujer vestida de hombre en el
teatro español. Madrid: Revista de Occidente, 1955.
Cervantes, Miguel de. El ingenioso hidalgo don Quijote de
la Mancha. Madrid: Clásicos Castalia, 1978.
Heise, Ursula K. “Transvestism and the Stage Controversy in
Spain and England, 1580-1680.” Theatre Journal 44 (1992):
357-74.
Hotchkiss, Valerie R. Clothes Make the Man: Female Cross
Dressing in Medieval Europe. New York: Garland Publishing,
Inc., 1996.
Rennert, Hugo Albert. The Spanish Stage in the Time of Lope
de Vega. New York: Dover Publications, Inc., 1963.
Smith, Dawn L. and Anita K. Smith, eds. Gender, Identity,
and
Representation in Spain´s Golden Age. London and New
Jersey: Associated University Presses, 2000.
|
Sherry Cox
The University of Oklahoma
Dept. of Modern Languages, Literatures, & Linguistics
Norman, Oklahoma 73019
E-mail: <scox@ou.edu>
Reciclando a Zoraida y el Capitán Cautivo
En su libro La
vida de don Quijote y Sancho (1905), el insigne pensador Miguel de
Unamuno escribe reseñas y hace comentarios sobre casi todos los
capítulos del libro Don Quijote (1605, 1615). Es curioso,
que los únicos capítulos sin comentarios son los que pertenecen
a los cuentos de «El curioso impertinente» y «El capitán
cautivo». Por falta de comentarios en estos capítulos, que
contienen unas narraciones intercaladas, Unamuno destaca la insignificancia
de estas narraciones. Aún más, en una nota sobre los capítulos
33 y 34, Unamuno dice: «Estos dos capítulos se ocupan con
la novela de El curioso impertinente, novela por entero impertinente
a la acción de la historia» (95). Unamuno no es el único
crítico que opina que pueden quitarse las narraciones intercaladas
sin afectar la novela de Don Quijote.
P. E. Russell
piensa que estos cuentos recuerdan los dramas de Lope de Vega con su estilo
de juego de manos (49). Según Russell, desde el capítulo
12 de la primera parte de Don Quijote, gran parte de la novela está
dedicada a la narración de cuentos o «the narration of tales
simply interpolated holus-bolus» (48). Además, Russell dice
que la mayoría de los críticos1 y de los lectores
modernos desean que las narraciones no sean partes de Don Quijote
(49).
Aunque Russell
admite que las narraciones intercaladas no hablan de cosas irreales (todas
se concentran en cuestiones morales), no está de acuerdo con algunos
críticos que proponen que las narraciones, temáticamente,
no están tan lejos de la historia de Don Quijote (48). Russell
opina que este punto de vista es muy difícil de defender con respecto
a las narraciones de la primera parte (48). Russell apoya su argumento
diciendo que incluso Cervantes había respondido a esta pregunta.
Russell embrolla su argumento cuando en una frase dice que en la opinión
de Cervantes, las narraciones son partes integrales de Don Quijote,
pero en la siguiente frase se contradice diciendo: "However we can not
just wish these tales away for, from Cervantes’s point of view, they formed
an essential part of his book. He was prepared to admit
(II.44) that two of the tales in Part—that called “Inexpedient Curiosity”
(«El curioso impertinente») and the partly autobiographical
“The Captive Captain”—had perhaps little to do with the main story, but
he defended the others as genuinely part of the experiences of Don Quixote
and Sancho" (49).
No estoy de
acuerdo con las observaciones de Russell y Unamuno. Si las narraciones
intercaladas no son importantes, ¿por qué aparecen algunas
de estas narraciones como fantasmas en toda la obra de Don Quijote?
El propósito de este trabajo es destacar la importancia de la narración
intercalada de «El capitán cautivo». Este trabajo esta
enfocado en la pregunta ¿Por qué incluye Cervantes esta narración
en su obra maestra? ¿Es una parte integral de Don Quijote?
¿Quién es esta heroína musulmana, Zoraida, y su héroe,
el capitán cautivo? ¿Qué representan ellos?
Hay muchas similitudes
entre el libro Don Quijote y el cuento «El capitán
cautivo» que incluyen temas, alusiones, paralelismos y símbolos
que se repiten. En realidad, uno puede ser la parodia o el mímico
del otro. Según Donald McCrory, el cuento «El capitán
cautivo» fue escrito en 1590, antes de que Cervantes escribiera Don
Quijote (49). McCrory basa su idea en un estudio de Canavaggio sobre
la cronología de las obras de Cervantes (49). También Luis
Andrés Murillo enfatiza en una nota de su edición de Don
Quijote que es muy evidente que Cervantes ya había redactado
el cuento en 1590, una fecha que no sólo antecede al libro Don
Quijote de 1605, sino también a las novelas ejemplares (473;
1.39).
Por eso, en
vez de estar basado o ser una copia de Don Quijote, el cuento «El
capitán cautivo» puede ser la base o fuerza principal con
respecto a los temas, el simbolismo, los personajes y varias similitudes.
Una similitud entre el libro Don Quijote y el cuento «El capitán
cautivo» es que los dos empiezan con las mismas palabras: «En
un lugar de» (69; 1.1, 472; 1.39). Al igual que el capitán
cautivo, don Quijote comienza su historia buscando el camino que debe de
seguir por el mundo.
Otra similitud
es que las cartas de Zoraida están escritas en arábigo, tal
como el manuscrito de Don Quijote2. Un renegado
traduce las cartas, «palabra por palabra», en castellano, para
el capitán (489; 1.40). Según Cervantes, encontró
el texto de Don Quijote escrito por Cide Hamete Benengeli en arábigo.
Por eso, Cervantes necesita que un morisco que hable español traduzca
en castellano «sin quitarles ni añadirles nada» (143;
1.9).
Hay otras cosas
en el cuento «El capitán cautivo» que se reflejan en
el libro Don Quijote como, por ejemplo, los personajes. El capitán
y Zoraida fueron creados antes que los personajes de Don Quijote,
los cuales tienen sus homólogos en el texto. Es decir, muchos de
los personajes en Don Quijote son dobles o reflejos (mejores o peores)
del capitán y Zoraida. Zoraida tiene sus homólogos en los
personajes de Dorotea, Leandra, Luscinda, Claudia, Ana Félix y Dulcinea.
Dorotea, fingiendo
ser la Princesa Micomicona, llega a la venta con don Quijote y es protegida
por él. Dorotea le pide a don Quijote que la lleve a su reino en
Etiopía. En otras palabras, ella necesita un caballero que la acompañe
de España al continente africano para restaurar su reino de Micomicón3.
Zoraida, montada en un asno, llega a la venta con el capitán Ruy
Pérez de Viedma. Ellos parecen ser María y José, o
más aun, parecen ser un caballero andante y su dama. Zoraida le
pide al capitán que la lleve de Argel a España.
Cuando Dorotea
llega a la venta tiene dos identidades: su propia identidad, de una mujer
rica, y su identidad fingida, de la princesa Micomicona. Hay una ambigüedad
que rodea a Zoraida después de llegar a la venta debido a su traje
y a su silencio: «-Decidme señor- dijo Dorotea-: ¿esta
señora es cristiana o mora? Porque el traje y el silencio nos hace
pensar que es lo que no querríamos que fuese» (462; 1.37).
Es una cuestión de identidad. Dorotea, tal como la mora, está
disfrazada. Dorotea aparece al principio como un mozo y más tarde
como la princesa Micomicona para engañar a don Quijote. En el caso
de Zoraida, también como una cuestión de identidad, realmente
no se sabe si ella es una cristiana o una mora que quiere engañar
al capitán. El capitán responde, «Mora es en el traje
y en el cuerpo; pero en el alma es muy grande cristiana, porque tiene grandísimos
deseos de serlo» (463; 1.37).
Zoraida, según
el capitán, tiene el cuerpo de mora y el alma de cristiana. En el
primer libro de los Corintios, San Pablo dice: «O ignoráis
que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está
en vosotros, . . . pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu,
los cuales son de Dios» (6:19-20). Pero si el anhelo de ella es ser
como la Virgen, necesitaría dedicarse a Dios en cuerpo y alma debido
a que, como dice la Sagrada Escritura, si uno es cristiano, el cuerpo y
el alma son de Dios. La primera vez que el capitán ve a Zoraida,
ella está fuera de su casa sin su velo. El autor destaca que, aunque
las moras no se dejan ver por ningún moro o turco sin sus velos,
con los cristianos sí se pueden comunicar (495; 1.41). Si es normal
que las moras «en ninguna manera hacen melindre de mostrarse a los
cristianos», ¿por qué todavía está embozada
Zoraida en el terreno de los cristianos? (497; 1.41). Si ella confiesa
por voz propia que es cristiana, entonces ¿por qué todavía
se comporta como mora?
Luscinda es
otra mujer que llega a la venta en compañía de un hombre.
Luscinda, al igual que Zoraida, llega a la venta embozada. Zoraida y Luscinda
se quedan en silencio cuando Dorotea trata de hablar con ellas. Don Fernando
lleva a Luscinda a un convento para ser monja. Es decir que ella va a casarse
con Cristo4. El capitán va a casarse con Zoraida
después de llevarla a una iglesia para que sea bautizada y convertida
al cristianismo5. Luscinda y Zoraida les dan pañuelos
llenos de oro y unas monedas a través de una ventana a unos hombres,
que ellas creen son cristianos. A través de las monedas, Zoraida
manda unas cartas que piden ayuda para obtener su libertad. Junto con la
riqueza, Luscinda le da una nota (que habla sobre su boda con Fernando)
a un hombre para que se la lleve a Cardenio con la esperanza de que él
la rescate de su apuro.
Otro personaje
que parece ser muy similar a Zoraida es Leandra. Ninguna de las dos tiene
a su madre en casa. Ambas mujeres ven a sus capitanes militares desde una
ventana. Las dos huyen de sus casas con los soldados a países extranjeros6,
robando las riquezas de sus padres. Ellas pierdan todo el oro y las joyas
que traían, con excepción de la joya más valiosa,
su virginidad.
Leandra, Dorotea,
Luscinda y Zoraida han engañado a sus padres. Estas mujeres huyen
de casa para casarse con un hombre sin el permiso o el conocimiento de
sus padres. Claudia, un personaje de la segunda parte de Don Quijote,
es otra persona que engaña a su padre y que puede ser considerada
como un reflejo de Zoraida. Esta mujer engaña a su padre cuando
se enamora de Don Vicente, el hijo del enemigo de su padre. Claudia, pensando
que Don Vicente va a casarse con Leonora, se disfraza de mozo y lo mata7.
Ella cumple la amenaza de Zoraida hecha al capitán: «y mira
que has de ser mi marido, porque si no, yo pediré a Marién
que te castigue» (492; 1.40). Si él no se casa con ella, Zoraida
le va a pedir a la Virgen que interceda por ella. En vez de pedirle ayuda
a la Virgen, Claudia decide hacer las cosas a su modo y cumple su venganza.
El lector puede pensar que Zoriada, al igual que Claudia, se hace cargo
de su libertad y planea toda la fuga. Aunque Zoraida ha amenazado al capitán,
le ayuda a obtener su libertad al igual que a otros cuatro prisioneros
cristianos y a un renegado español.
Ana Félix
es una morisca que, al igual que Zoraida, está tratando de salvar
a un cristiano esclavizado en Argel. Otra similitud entre Zoraida y Ana
Félix es la ambigüedad en su vestimenta. El virrey piensa que
Ana es probablemente un mozo árabe: «¿eres turco de
nación, o moro, o renegado?» (526; 2.63). Ana niega todas
estas posibilidades y responde que es una mujer cristiana. Tanto Zoraida
como Ana Félix tienen un problema de identidad. ¿Son cristianas
verdaderas o sólo por conveniencia?
Zoraida y Ana
Félix son descritas como mujeres muy bellas. Ana está condenada
a muerte por la matanza de dos soldados. Pero debido a su gran hermosura,
el virrey escribe una carta de recomendación para perdonarle la
muerte (526; 1.63). El virrey está tan impresionado por la belleza
de Ana Félix que le ofrece protección en su casa y todo lo
demás que necesite: «Tanta fue la benevolencia y caridad que
la hermosura de Ana Félix infundió en su pecho» (531;
1.64). El efecto que causa la belleza de Ana Félix sobre el virrey
es casi sobrenatural.
Existe casi
la misma reacción en la gente cuando Zoraida llega a la venta. Según
el autor, la hermosura de Zoraida vence los corazones de todos: «Y
como la hermosura tenga prerrogativa y gracia de reconciliar los ánimos
y atraer las voluntades, luego se rindieron todos al deseo de servir y
acariciar a la hermosa mora» (463; 1.37). Es evidente que todas las
mujeres tienen algo en común con Zoraida: la belleza. Según
el autor, cuando todas están en la venta, es imposible destacar
quién es más hermosa: Dorotea, Luscinda o Zoraida. Pero sin
duda, para don Quijote, Dulcinea es la mujer más bella. En este
caso, Dulcinea es un reflejo de Zoraida.
La imagen de
la mujer de belleza celestial y el tema de cómo esta belleza encanta
a la gente se repite. Don Quijote, basado en su opinión de que Dulcinea
es la mujer más bella del mundo, amenaza de muerte al Caballero
de los Espejos (Sansón Carrasco) por su comentario sobre Casildea,
diciendo que es más bella que Dulcinea: «Muerto sois, caballero,
si no confesáis que la sin par Dulcinea del Toboso se aventaja en
belleza a vuestra Casildea de Vandalia» (144; 1.15). El capitán
Ruy Pérez de Viedma también piensa y habla sobre «la
mucha hermosura» de Zoraida (497; 1.41). Don Quijote, al igual que
el capitán, hace alarde o alaba la belleza de su mujer (Dulcinea),
pero esto no es lo único que ellos tienen en común.
Primero, los
dos son cautivos. Don Quijote es cautivo por su miedo a las mujeres y su
amor a Dulcinea. El capitán es cautivo debido a que es un prisionero
de los moros. Segundo, don Quijote piensa que él es un caballero
andante mientras que Zoraida llama caballero a Ruy Pérez de Viedma.
En una de sus cartas al capitán cautivo, ella escribe que de todos
los cristianos que ve por la ventana, «ninguno me ha parecido caballero
sino tú» (489; 1.40). También en la segunda carta Zoraida
añade «pues eres caballero y cristiano» (492; 1.40).
Para ella el capitán no sólo parece ser el caballero más
valiente, sino también parece ser cristiano. Don Quijote destaca
muchas veces que es cristiano, además de ser un cristiano viejo.
Don Quijote
llama a las mujeres doncellas, damas o damiselas y piensa que es algo bueno
servirlas a ellas. Don Quijote explica a Sancho, «en este nuestro
estilo de caballería es gran honra tener una dama . . . servilla
por sólo ser ella es, sin esperar otro premio» (388; 1.31).
Desde este punto de vista, el capitán es muy similar a don Quijote
cuando dice que quiere servir a Zoraida sin recompensa y hasta que muera:
«te ofrezco de hacer por ti todo lo que pudiéremos, hasta
morir» (491; 1.40). El capitán también llama a Zoraida
damisela (462; 1.37). Y finalmente los dos son cautivos por el amor de
sus mujeres.
Con todas estas similitudes, Don Quijote y el capitán cautivo
parecen ser homólogos.
Hay otros personajes
masculinos que son homólogos del capitán. De estos personajes
homólogos, algunos son como él y otros son opuestos (malos).
El capitán y Don Quijote no son los únicos destacados como
caballeros y cristianos. El cura le da consejos a don Fernando sobre sus
deberes como una persona noble: «sobre todo, advirtiese que si se
preciaba de caballero y de cristiano, que no podía hacer otra cosa
que cumplille la palabra dada» (454; 1.36). La promesa que
don Fernando necesita cumplir es casarse con Dorotea. Don Fernando le promete
dos veces a Dorotea que será su esposo y, en la segunda promesa,
le jura, teniendo a los santos como testigos, que cumplirá su promesa
(353-4; 1.28). Ruy Pérez, al igual que don Fernando, le promete
dos veces a Zoraida que va a ser su esposo (491 & 493; 1.40). El capitán,
al igual que don Fernando, promete a su mujer que será un buen cristiano.
Según el capitán, «los cristianos nos cumplen lo que
prometen mejor que los moros» (491; 1.40). Pero si todos los moros
son mentirosos, como dice el autor o, en las palabras de Zoraida, «son
todos marfuces», entonces, ¿vale más la palabra de
un cristiano? (490; 1.40).
Aunque don Fernando
trata de romper su promesa tan pronto como pueda, Cardenio, al igual que
el capitán, parece que va a cumplir su promesa a Luscinda. Cardenio
es otro personaje que refleja algunos rasgos del capitán. Aunque
cumple su promesa de casarse con Luscinda, cuando compara sus acciones
con las del valiente Ruy Pérez, parece ser un hombre débil
y cobarde.
Hay otros personajes
homólogos de Ruy Pérez que son opuestos (o malos) como Vicente
de la Rosa y Ginés de Pasamonte. Ruy Pérez y Vicente de la
Rosa son capitanes militares y los dos hablan sobre sus batallas militares.
La diferencia es que Vicente de la Rosa no es un soldado verdadero, sino
un charlatán arrogante que se jacta de sus hazañas fingidas.
Vicente engaña a Leandra con sus promesas de ser su esposo y de
llevársela a la ciudad más rica y viciosa, pero le roba todas
sus riquezas y la deja en una cueva sin su vestido.
Según
Eugenio, Vicente, al igual que el capitán Ruy Pérez, no le
roba la joya más valiosa a Leandra; su virginidad. Es decir que
Vicente tiene más interés en las riquezas de Leandra que
en ella misma. Ruy Pérez, al igual que Vicente, ve la riqueza de
Zoraida cuando la mira a ella. Esto es muy evidente cuando el capitán
describe la belleza de Zoraida. Él describe detalladamente las joyas,
perlas y cuanto vale la riqueza de Zoraida (497; 1.41). El capitán
cautivo, Ruy Pérez de Viedma, podría representar la imagen
popular de hoy en día de un cristiano ladrón durante las
cruzadas. Cuando Ruy Pérez roba la riqueza de Agi Morato y rapta
a su hija Zoraida, el padre de Zoraida grita, «¡Cristianos,
cristianos! ¡Ladrones, ladrones!» (502; 1.41). En ese caso,
el capitán es como el charlatán de Vincente de la Rosa. Los
dos soldados sacan a las mujeres fuera de la casa de sus padres y las despojan
de todas sus joyas y riqueza.
Ginés
de Pasamonte es otro personaje que tiene algo en común con el capitán
Ruy Pérez. Ambos han servido como galeotes en las galeras: Ruy Pérez
por ser un cautivo y Ginés de Pasamonte por ser un criminal. Es
interesante que los dos hablen de lo mismo sobre sus cuentos. Cuando Ginés
habla de su libro a don Quijote, dice: «Lo que le sé decir
a voacé es que trata verdades, y que son verdades tan lindas y tan
donosas, que no pueden haber mentiras que se igualen» (271-2; 1.22).
Cuando cuenta su historia en la venta, el capitán dice: «Y
así, estén vuestras mercedes atentos, y oirán un discurso
verdadero a quien podría ser que no llegasen los mentirosos que
con curioso y pensado artificio suelen componerse» (472; 1.38). Los
dos autores destacan que sus historias contienen información tan
fidedigna que no hay mentira alguna con que puedan compararse.
Estos discursos
del capitán y Ginés de Pasamonte muestran el tema del engaño,
en cual no sólo se repite en el cuento de «El capitán
cautivo», sino también en toda la obra de Don Quijote.
Este tema también está presente como un rasgo personal en
casi todos los personajes de las dos obras. Cuando no puede escapar de
Argel, el capitán empieza a buscar otras maneras de obtener su libertad:
«había probado mil maneras de huirme, y ninguna tuvo sazón
ni ventura; y pensaba en Argel buscar otras medios de alcanzar lo que tanto
deseaba, porque jamás me desamparó la esperanza de tener
libertad» (485; 1.40). Nunca pierde la fe y la esperanza de
obtener su libertad: «luego, sin abandonarme, fingía y buscaba
otra esperanza que me sustentase, aunque fuese débil y flaca»
(485; 1.40). Por decir eso, es difícil saber si el capitán
va a cumplir su promesa de casarse con Zoraida o sólo la usa como
un medio para obtener su libertad. Es importante destacar que la mayoría
de los casamientos en Don Quijote nunca ocurren. También
está la imagen del convento y de las mujeres que son llevadas a
él por culpa de un hombre que no se casa con ellas, como Camila,
Lucinda, Claudia, la hija de doña Rodríguez y Leandra.
Esta imagen,
de las mujeres forzadas a ser monjas, es uno de los símbolos que
se repiten en el cuento y en el libro. En realidad, hay muchos símbolos
del cuento «El capitán cautivo» que se repiten en el
libro de Don Quijote como la ventana, la riqueza y la belleza de
las mujeres. Pero el símbolo más destacado es la mano blanca.
Según Jean Chevalier, «the hand expresses ideas of action,
as well as those of power and dominion» (466). En otras palabras,
el símbolo de la mano puede significar muchas cosas.
Lo primero que
ve el capitán de Zoraida es su mano blanca saliendo por la ventanilla:
«miré la ventana, y vi que por ella salía una muy blanca
mano» (487; 1.40). El capitán sabe que es la mano de una mujer,
pero hay alguna ambigüedad que rodea la mano de Zoraida. Cuando una
pequeña cruz hecha de cañas pasa por la misma ventana, el
capitán imagina que la mano es de alguna cristiana cautiva. Según
el capitán, la cruz es una señal que «nos confirmó
en que alguna cristiana debía de estar cautiva en aquella casa»
(487; 1.40). Después de reflexionar sobre la blancura de la mano
y las ajorcas (pulseras), el capitán imagina «que debía
de ser cristiana renegada» (487; 1.40).
El símbolo
de la mano blanca aparece también cuando Cardenio habla con Luscinda
por la ventana y cuando ella le da unas monedas a un cristiano para darle
una nota8. También la mano aparece en el discurso
entre don Quijote y Sancho cuando don Quijote describe una escena típica
de romance entre un caballero y una princesa. Según don Quijote,
la princesa «dará sus blancas manos por la reja al caballero,
el cual se las besará mil y mil veces, y se las bañará
en lágrimas» (260; 1.21).
Finalmente,
no podemos olvidar la escena en la venta cuando la hija del dueño
y Maritornes le hacen una broma a don Quijote. Ellos le piden a él
que pase una de sus manos por un agujero para que una pueda desahogar el
gran deseo que siempre ha tenido por don Quijote (527; 1.43). Cuando pone
su mano en el agujero, Maritornes hace un nudo en la muñeca de don
Quijote y lo ata a una puerta de manera que es imposible soltarse (528;
1.43). Según Jean Chevalier, cuando una persona le da la mano a
otro, esto representa la rendición de su libertad: «To place
one’s hands in those of another is to surrender one’s freedom, lay down
one’s power and entrust it to another» (469). Cuando don Quijote
les da la mano a las mujeres, también les da a entender que está
vencido. El pobre don Quijote pasa la noche montado en su caballo con la
mano atada en el agujero, imaginando que todo «se hace por vía
de encantamento» (529; 1.43). No es el encanto sino el engaño.
En otras palabras, es el Barroco que asegura que nada es lo que parece.
P. E. Russell
tiene razón cuando dice que las narraciones intercaladas recuerdan
los dramas de Lope de Vega con su estilo de juego de manos (49). Pero se
equivoca cuando piensa que las narraciones intercaladas de la primera parte,
temáticamente, no son importantes en la historia de Don Quijote
y, por lo tanto, no son nada más que «interpolated holus-bolus»
(48).
Entonces, ¿Cual
es la importancia de las narraciones intercaladas como «El capitán
cautivo»? ¿Por qué incluye Cervantes esta narración
en su obra maestra? En el caso de la narración «El capitán
cautivo», la respuesta es fácil: es un fantasma que vaga por
toda la obra de Don Quijote. Además, rasgos de Zoraida y
el capitán forman la base de la mayoría de los personajes
de Don Quijote. Por añadidura, todo en este breve cuento,
los personajes, los temas, los símbolos y las alusiones, se reflejan
y se repiten a través del libro Don Quijote. Es decir que
el cuento «El capitán cautivo» es la fuente de casi
todo el libro de Don Quijote.
Cuando el capitán
termina su cuento, don Fernando ofrece este comentario: «es el tal
gusto que hemos recebido en escuchalle, que aunque nos hallara el día
de mañana entretenidos en el mesmo cuento, holgáramos que
de nuevo se comenzara» (514; 1.42). Parece que su deseo se hace realidad.
¿Es un juego de manos de Cervantes que hace de lo insignificante
lo más importante? No, Russell olvida que Cervantes fue escritor
durante el Barroco, una época conocida por el uso del engaño
en que nada es como se ve a primera vista. Todo en el Barroco es humo,
espejos, mentiras y engaños.
Notas
1 En su artículo, Erin Webster Garrett destaca
que Mary Shelley emplea el libro de Don Quijote como un modelo o
fuente de inspiración cuando estaba escribiendo su obra famosa Frankenstein
(1818). Pero lo que aparece en la obra de Shelley no es un episodio de
Don Quijote y Sancho sino una de las narraciones intercaladas. Shelley
incluye un cuento que refleja «El capitán cautivo» pero
en vez de la mora Zoriada, la heroína del cuento es la árabe
Safie.
2 Para una discusión más amplia sobre
este tema véase el artículo de María Antonia Garcés,
“Zoraida’s Veil: ‘the Other Scene’ of the Captive’s Tale,” Revista de
Estudios Hispánicos 23.1 (1989): 65-98.
3 Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo
don Quijote de la Mancha, Ed. Luis Andrés Murillo (Madrid: Clásicos
Castalia, 1978), 365; 1.29.
4 Cervantes 448; 1.36
5 Cervantes 462; 1.37
6 Leandra huye con Vicente a Nápoles (594;
1.51)
7 Cervantes 496-9; 2.60.
8 Cervantes 1.24 & 1.27.
Obras citadas
Cervantes Saavedra, Miguel de. El ingenioso hidalgo don Quijote
de la Mancha. Ed. Luis Andrés Murillo. 3 vols. Madrid:
Clásicos Castalia, 1978.
Chevalier, Jean y Alain Gheerbrandt. The Penguin Dictionary of Symbols.
Trans. John Buchanan-Brown. England: Penguin Group, 1994.
Garrett, Erin Webster. “Recycling Zoraida: The Muslim Heroine in Mary
Shelley’s Frankenstein.” Cervantes 20.1 (2000): 133-56.
Mc Coy, Donald P. The Captive’s Tale. Warminster: Aris &
Phillip Ltd., 1994.
Russell, P. E. Cervantes. New York: Oxford, 1985.
Santa Biblia Reina-Valera. Nashville: Broadman & Colman,1960.
Unamuno, Miguel de. Vida de Don Quijote y Sancho según
Miguel de Cervantes Saavedra. Explicada y comentada por
Miguel de Unamuno. Madrid: Espasa-Calpe, 1975.
|
Jaime Cruz-Ortiz
University de Oklahoma
Department of Modern Languages, Literatures & Linguistics
780 Van Vleet Oval, Kaufman Hall, Room 206
Norman, Oklahoma 73019
E-mail: <boricua@ou.edu>
Suspenso y revelaciones dramáticas en el episodio de Doña
Clara y Don Luis en la primera parte de Don Quijote
Por cuatro siglos,
la intercalación de Doña Clara y Don Luis ha yacido en la
sombra de las narrativas interpoladas más complejas y llamativas
de la primera parte de Don Quijote (1605). Los críticos
han subrayado su papel secundario dentro de la estructuración de
la novela. Por ejemplo, Edward Dudley la interpreta como eco del
episodio del Cautivo y Zoraida. Debido a la juventud de los amantes
y la simplicidad de la trama del episodio, Dudley, entre otros, la lee
como un contraste ideal a la complejidad artística y temática
del episodio del Cautivo: «Likewise Clara and Luis, the child lovers,
are exemplars of innocence, and their story unfolds for them in a world
of fairy-tale simplicity» (364). Márquez Villanueva
ve el episodio como uno de varios «grados intermedios» (17)
de la novela. Por lo tanto, lo lee como relato de transición
entre otros episodios mayores. Hans-Jörg Neuschäfer ni
la incluye en su lista de episodios intercalados de la primera parte de
la novela. Lo considera como añadidura a la narrativa del
Cautivo. Se refiere a ésta como «el [episodio] del Cautivo
y su hermano, el Oidor» (9). Hace caso omiso de los jóvenes
amantes. Fuera de tales observaciones, se ha dicho poco sobre el
episodio. Por mi parte, en el cuarto centenario de la publicación
de la primera parte de Don Quijote, ya es tiempo que el episodio
reciba su propia atención crítica.
Las múltiples
aventuras del excéntrico caballero andante y los numerosos episodios
amorosos intercalados han cautivado a los lectores por unos cuatrocientos
años. Se puede atribuir parte de este éxito a la habilidad
de Cervantes de inspirar y mantener la anticipación de su público.
Como novelista, se aprovecha de la curiosidad del lector, de su deseo de
saber y de su anhelo de coherencia. En otras palabras, el lector
es un voyeur. Cervantes mantiene magistralmente su punto de
vista a través de múltiples mini-misterios mezclados con
numerosas revelaciones dramáticas. El resultado es que el
espectador-lector queda en un estado de perpetuo suspenso.
El suspenso,
por supuesto, es una técnica basada en la anticipación.
Se define como: "Anticipation as to the outcome of events, particularly
as they affect a character for whom one has sympathy. Suspense is
a major device for securing and maintaining interest" («suspense»).
El suspenso reside en el misterio creado por la incertidumbre. El
lector interroga el texto, pero el narrador cervantino sólo responde
a medias. Sólo contesta para introducir otro misterio.
El lector desea la explicación completa de los hechos. La
demora entre la iniciación del deseo de saber y el satisfacer de
este deseo crea el suspenso. El autor tiene que medir bien el espacio
entre estas dos funciones. Si la revelación viene demasiado
pronto, el lector pierde interés en lo relatado. Si viene
demasiado tarde, se frustra y termina también perdiendo interés.
El episodio de Don Luis y Doña Clara es emblemático de la
técnica novelística barroca, sobrecargada de suspenso y drama
en Cervantes. Está construido sobre una cadena de misterios
y revelaciones. La proliferación de éstos llega a un
nivel barroco. El efecto es que el lector padece continuamente de
anticipación. Cervantes alivia este suspenso a través
de varias revelaciones dramáticas.
Primero, quiero
señalar las preguntas que la narrativa exige. Las llamaré
misterios
para enfatizar el hecho de que piden resolución y que logran cautivar
la atención del lector. Además, haré hincapié
en los momentos de revelación del episodio. Diferenciaré
entre revelaciones narrativas y revelaciones dramáticas.
Utilizo el primer término para describir revelaciones cuyo agente
es el narrador y cuyo receptor es el lector. Tal descubrimiento ocurre
sin la intervención y sin el conocimiento de los personajes.
Es un revelamiento directo, dirigido únicamente al lector.
Las revelaciones
dramáticas son de estirpe teatral. En lugar del narrador,
un personaje revela lo desconocido. Lo hace a través del diálogo
o del monólogo. Por lo tanto, el personaje se convierte en
el narrador por un tiempo limitado. El receptor del revelamiento
es otro personaje, no sólo el lector. Las revelaciones dramáticas,
además, son de dos tipos: el primero incluye revelaciones en que
el lector se entera de hechos en el mismo momento en que se entera otro
personaje. Es decir, la revelación es una experiencia compartida.
En el segundo tipo de revelación dramática, el lector ya
sabe el contenido de lo revelado. En otras palabras, es un descubrimiento
de ironía dramática.
Las revelaciones
dramáticas hacen un espectador del lector. Éste observa
y oye lo acontecido en el pleno momento de su suceder, como se hace en
el teatro. Walker Gibson describe el fenómeno en que
el lector queda redefinido, rehecho y reconstruido por la narración:
"Subject to the degree of our literary sensibility, we are recreated by
the language. We assume, for the sake of the experience, that set
of attitudes and qualities which the language asks us to assume, and, if
we cannot assume them, we throw the book away" (Gibson 1). Esta identidad
que el texto exige que el lector adopte es, según Gibson, el mock
reader o el lector fingido. En el caso del episodio de
Doña Clara, el narrador le presenta al lector una serie de acciones
y diálogos. Requiere que el lector vea y escuche, es decir
que sea un espectador. El mock reader en este caso es un mock
espectador de una acción novelística que en momentos
se asemeja a una acción dramática.
Pocos críticos
han señalado la teatralidad de la obra novelística de Cervantes.
Leon Driskell, en una comparación entre el arte de interpolación
de Henry Fielding y Cervantes, destaca, aunque superficialmente, la textura
dramática de las narraciones interpoladas: «Both novelists
are essentially dramatic, possibly as a result of their common apprenticeships
as playwrights» (Driskell 7, énfasis añadido). No obstante,
Driskell no explica cómo logra Cervantes un efecto dramático
con estos episodios. Espero que mi descripción de las revelaciones
dramáticas en este episodio señale la síntesis del
arte novelística y dramática de Cervantes.
Primero, señalaré
el constante movimiento narrativo de misterio a revelación.
La TABLA 1 representa en forma visual tal vacilación. He asignado
números a cada misterio según su apariencia en el texto (M-1,
M-2, etc.). He hecho lo mismo con las revelaciones (R-1, R-2, etc.).
Además, he tintado las revelaciones para destacarlas de los misterios
y para mejor señalar el giro entre ambos modos. Identifico
las revelaciones como narrativas o como dramáticas, según
las pautas que establecí antes. La colocación de los
misterios y de las revelaciones en la tabla corresponde con su orden cronológico
en el texto. Además, indico las pausas en el desarrollo de
la trama del episodio causadas por el regreso de Don Quijote como el centro
de la narración.
TABLA 1.
|
Evento
|
Contenido
|
Tipo
|
| M-1 |
¿Quiénes son los que llegaron a la venta por la noche? |
|
|
|
|
| R-1 |
Los caballeros dicen que buscan habitación
para el Oidor. |
dramática
|
|
|
|
| M-2 |
¿Quién es el Oidor? |
|
|
|
|
| M-3 |
¿Quién es la doncella bella? |
|
|
|
|
| Pausa |
Discurso de Don Quijote sobre las letras y las armas. |
|
|
Evento
|
Contenido
|
Tipo
|
|
|
|
| R-2 |
El Oidor es el hermano del Cautivo. |
narrativa
|
|
|
|
| R-3 |
La doncella es la hija del Oidor. |
narrativa
|
|
|
|
| R-4 |
El cura le cuenta el relato del Cautivo al Oidor,
quien verifica que el Cautivo es su hermano. |
dramática
|
|
|
|
| R-5 |
El Oidor revela lo que les ha sucedido a él
y a su otro hermano. |
dramática
|
|
|
|
| M-4 |
¿Sobrevivió el Cautivo su encuentro con los franceses? |
|
|
|
|
| R-6 |
El Cura presenta al Cautivo a su hermano. |
dramática
|
|
|
|
| R-7 |
El Cautivo y Zoraida regresarán con el
Oidor a Sevilla. El padre les ayudará con el bautismo y las
bodas de Zoraida. |
narrativa
|
|
|
|
| M-5 |
¿Quién canta? y ¿por qué? |
|
|
|
|
| R-8 |
La doncella se llama Doña Clara. |
narrativa
|
|
|
|
| R-9 |
El cantante es un «mozo de mulas». |
dramática
|
|
|
|
| M-6 |
¿Para quién canta el mozo? |
|
|
|
|
| M-7 |
¿Por qué reacciona la doncella al canto del mozo tan
extrañamente? |
|
|
|
|
| R-10 |
Doña Clara explica que el mozo realmente
es un «señor de lugares» y le cuenta a Dorotea todo
lo que ha sucedido entre ella y él hasta este punto. |
dramática
|
|
|
|
| M-8 |
¿Qué sucederá con el mozo? |
|
|
|
|
| Pausa |
La hija del ventero y Maritornes engañan a Don Quijote.
Lo dejan colgando del brazo en un agujero. |
|
|
Evento
|
Contenido
|
Tipo
|
| M-9 |
¿Quiénes son los 4 hombres que llegan a la venta a caballo? |
|
|
|
|
| R-11 |
Los 4 hombres vienen en busca del mozo. |
narrativa
|
|
|
|
| M-10 |
¿Por qué buscan al mozo? |
|
|
|
|
| R-12 |
El nombre del mozo es Don Luis. |
dramática
|
|
|
|
| R-13 |
Don Luis se da cuenta de que el hombre es un
criado de su padre. |
narrativa
|
|
|
|
| M-11 |
¿Cómo supo el padre de Don Luis que venía por
este camino y en tal traje? |
|
|
|
|
| R-14 |
Un estudiante se lo descubrió al padre. |
dramática
|
|
|
|
| M-12 |
Don Luis no quiere regresar a su casa y su padre padece sin él.
¿Qué va a suceder? |
|
|
|
|
| R-15 |
Uno de los criados le descubre al Oidor que el
mozo es el hijo de su vecino. |
dramática
|
|
|
|
| M-13 |
El Oidor habla en privado con Don Luis. ¿Qué sucederá? |
|
|
|
|
| Pausa |
Don Quijote rehúsa ayudar al ventero en una pelea contra dos
huéspedes. |
|
|
|
|
| R-16 |
El mozo revela sus sentimientos al Oidor. |
dramática
|
|
|
|
| Pausa |
El barbero entra en la venta. Demanda su bacía.
Hay un debate y luego una pelea sobre si el objeto es bacía o yelmo. |
|
|
|
|
| R-17 |
El Oidor arregla la situación. Don
Fernando llevará a Don Luis a Andalucía y lo presentará
a su hermano el Marqués. Tres de los criados irán al
padre para decirle qué ha sucedido y regresarán con su decisión. |
narrativa
|
El episodio consta
de unos 13 misterios y 17 revelaciones. Si consideramos que se puede
basar una narrativa en sólo uno o dos misterios, el hecho de que
este breve episodio contenga tantos testifica sobre la gran habilidad novelística
del autor.
Cervantes varía
la secuencia de misterios-revelaciones para crear un ritmo narrativo acelerado.
La apariencia de un misterio marca el inicio de la anticipación
del lector. La revelación marca el fin de su anticipación.
Cervantes amontona misterios sobre misterios y revelaciones encima de revelaciones,
dejando al lector perpetuamente en suspenso. Miremos la trayectoria
del episodio para demostrar este punto: Comienza con un misterio [M-1]
(¿Quién ha llegado a la venta tan tarde?), seguido rápidamente
de una revelación parcial [R-1]: son el Oidor y sus criados.
Luego se demora el paso de la narrativa con la evocación de dos
misterios juntos [M-2 y M-3] que atañen a la identidad del Oidor
y de su bella acompañante, seguidos de una breve pausa cómica
en que Don Quijote da un discurso sobre las armas y las letras.
Después
de esta demora, el episodio retoma un paso rápido. Cervantes
encadena 4 revelaciones corridas [R-2 hasta R-5]. Explica la identidad
del Oidor, la de su hija y la relación entre el Oidor y el Cautivo.
Luego se introduce otro misterio [M-4], pero éste no inspira la
anticipación del lector, quien ya sabe la respuesta a la pregunta
evocada (¿Sobrevivió el Cautivo su encuentro con los franceses?).
La función de este misterio y su subsiguiente revelación
es teatral y se basa en la ironía dramática. Utilizo
la palabra en su sentido más abierto. Es decir, me refiero
a un momento en que el lector-espectador sabe algo desconocido por el personaje
(«Dramatic irony»). Luego, dos revelaciones más
[R-6 y R-7] cierran este ciclo de misterios y revelaciones.
Las revelaciones
hasta este punto han tenido dos funciones. Primero, introducen algunos
de los personajes principales del episodio de Doña Clara y Don Luis.
Segundo, contestan un misterio introducido en el capítulo 39 de
la primera parte, 4 capítulos antes: ¿Qué sucedió
con los otros dos hermanos del Cautivo? Esto entreteje la intercalación
anterior, la del Cautivo y Zoraida, con ésta.
El próximo
misterio [M-5] introduce el próximo grupo de preguntas centradas
en el amor entre los jóvenes Clara y Luis. El texto le exige
al lector que inquiera: ¿quién canta? y ¿por qué?
Luego, el narrador provee dos revelaciones corridas, una menor, en que
por fin se descubre el nombre de la doncella bella y la otra engañosa,
en que se revela la supuesta identidad del cantante. Luego surgen
los misterios sexto y séptimo: ¿para quién canta el
mozo? y ¿por qué reacciona Doña Clara al canto del
mozo tan extrañamente? Por supuesto, la segunda pregunta da
una pista de la respuesta de la primera. Cervantes sigue estos dos
misterios con la segunda revelación mayor [R-10], la cual contesta
todas las preguntas del segundo ciclo de misterios. Doña Clara
descubre a Dorotea quién es el mozo de mulas y por qué canta.
Esta revelación abre la puerta a otra serie de preguntas centradas
en el octavo misterio: ¿cómo se arreglará este dilema?
Este misterio
representa el conflicto central del episodio y, por consiguiente, genera
la mayor cantidad de anticipación en el lector. Es justo en
este momento, cuando el lector ya sufre en el ápice de su deseo
de saber, que Cervantes introduce otra pausa en el desarrollo de la trama.
Aquí se narra un engaño de parte de Maritornes y la hija
del ventero en que Don Quijote queda colgado de un brazo en un agujero
en la pared de la venta.
Este episodio,
intercalado en una intercalación de la trama central de Don Quijote,
se cierra con la llegada de 4 hombres a caballo a la venta. Su apariencia
evoca un nuevo ciclo de misterios. El lector se pregunta [M-9]: ¿quiénes
son estos hombres? Casi inmediatamente, los viajeros descubren que
vienen en busca del mozo [R-11], lo cual sugiere otra pregunta [M-10]:
¿por qué lo buscan? Luego, Cervantes enlaza una rápida
sucesión de misterios y revelaciones. Los hombres descubren
que el nombre del mozo es Don Luis [R-12]. Cuando encuentran al joven,
él se da cuenta de que son criados de su padre [R-13]. Pregunta
cómo supo su padre que venía por este camino y en tal disfraz
[M-11]. Responden que un estudiante se lo descubrió [R-14].
Subsiguientemente,
se introduce el conflicto central de la segunda mitad del episodio [M-12]:
Don Luis rehúsa regresar a su casa y dejar de seguir a su amada,
pero su padre padece sin él y demanda su vuelta. Antes de
resolver el asunto, el narrador introduce dos revelaciones más [R-15
y R-16], un misterio [M-13] y dos pausas que nos hacen volver a Don Quijote
como protagonista. La última revelación [R-17] cierra
el episodio al contestar las preguntas evocadas por el duodécimo
y el décimo-tercio misterio.
Como hemos visto,
la sucesión rápida de misterios y revelaciones apenas deja
al lector con un momento de tranquilidad. Cervantes provee períodos
de reposo y pausas en la trama del episodio. Éstas aparecen
en momentos cruciales del relato y demoran la satisfacción de la
curiosidad del lector. Curiosamente, Cervantes intercala acontecimientos
centrados en el protagonista Don Quijote en una intercalación de
la misma novela. Se podría desarrollar este hecho hasta su
extremo barroco: La acción principal tiene intercalaciones, es decir
narraciones menores de historias relacionadas tangencialmente a la trama
central. A veces, se interrumpe el desarrollo de estas intercalaciones
con acciones del protagonista en la trama principal. Quiero decir
que Cervantes borra los límites entre trama central y trama tangencial.
Dentro del marco de esta interpolación, las actividades intercaladas
de Don Quijote sirven para añadir una nota cómica a la trama
del episodio. Es decir, la relación novela-intercalación
queda invertida.
Me gustaría
enfocarme en las revelaciones dramáticas por un momento para destacar
sus características. De las 17 revelaciones, 10 son de forma
dramática. Esto nos indica que es la forma preferida de Cervantes.
Como expliqué antes, estas revelaciones tienden a tener ciertas
características en común: ocurren a través de un personaje
en vez del narrador, toman lugar durante diálogos en vez de narraciones,
tienen como espectador a otro personaje igual que el lector y el descubrimiento
del personaje puede coincidir con el del lector. En otras palabras,
el revelamiento es teatral.
Por ejemplo,
después de que el Cura le relata lo que ha sucedido al Cautivo,
el Oidor revela, o reafirma, que el Cautivo es su hermano. El narrador
precede la reacción verbal del Oidor con una descripción
visual de su reacción física: «viendo que ya el cura
había llegado al fin de su cuento, dando un grande suspiro y llenándosele
los ojos de agua [. . .]» (518; 1.42). Esta descripción sirve
como acotación que le indica al lector que la siguiente actuación
será emocional, que el actor-personaje suspirará y que dará
su discurso con lágrimas en los ojos.
Luego, la revelación
del Oidor transforma el diálogo en monólogo, es decir el
discurso de un hablante. Por convención, esta forma representa
lo que alguien dice en una situación con oyentes que no hablan («Monologue»).
Como un monólogo dramático, el discurso del Oidor es largo
y sin interrupción. Además, las palabras del Oidor
reiteran los signos visuales de su emoción, sus lágrimas:
«Oh señor, [. . .] me es forzoso dar muestras dello con estas
lágrimas que, contra toda mi discreción y recato, me salen
por los ojos» (518;1.42). También abundan las exclamaciones:
«Oh señor» (518;1.42), «Oh bien hermano mío»
(519;1.42), «Oh Zoraida hermosa y liberal» (519;1.42).
En otra ocasión,
Doña Clara le explica a Dorotea quién es el mozo cantante
y por qué ha venido a la venta. Este descubrimiento también
toma forma dramática. Como vimos en el ejemplo anterior, el
discurso está precedido de una descripción semejante a una
acotación que indica cómo el personaje-actriz ha de llevar
a cabo su actuación: «abrazando estrechamente a Dorotea, puso
su boca tan junto del oído de Dorotea [. . .]» (523.43.I).
En ambas ocasiones,
el narrador da una descripción visual de la actuación del
revelamiento. Además, presenta la revelación a través
de un diálogo que se convierte en monólogo. Por lo
tanto, el lector ve y escucha lo acontecido en el pleno momento de su suceder.
De esta manera, el lector se convierte en espectador fingido. Digo
«fingido» porque el lector no presencia realmente una actuación
como sucede en el teatro, sino que la narrativa recrea la experiencia dramática.
En resumen,
espero haber destacado cómo Cervantes utiliza el suspenso en el
episodio de los jóvenes amantes, Doña Clara y Don Luis.
A través de una sucesión de misterios y revelaciones, Cervantes
logra mantener al lector en un estado de incesante anticipación.
Aumenta el suspenso por la colocación estratégica de aventuras
de Don Quijote. El hecho de que Cervantes intercala aventuras de
la narrativa central en su intercalación reta nuestra distinción
entre la narrativa central y las periféricas. Además,
sugiere que el arte novelística de intercalación en la primera
parte de la novela es más complejo y mejor logrado de lo que sus
detractores han admitido. Se puede leer este episodio como microcosmo
de la primera parte en general. La intercalación sirve la
función de aumentar el suspenso y demorar el revelamiento.
Así como Don Quijote aparece en el momento apropiado para apaciguar
la tensión o para aumentar el suspenso a través de la demora,
las intercalaciones son esenciales al ritmo del desarrollo de la trama
central.
También
espero haber señalado cómo Cervantes integra algo de la técnica
dramática en su obra novelística. Para probar esto,
he leído varias revelaciones que acontecen en el episodio en cuestión
de dos formas: el de una perspectiva dramática y el de la teoría
de la recepción. Es conocimiento común que la primera
parte de Don Quijote integra múltiples géneros en
su ámbito. Aunque no incluyó un drama interpolado en
la primera parte, se debe reconocer que funde sus episodios con una textura
dramática. He limitado mi estudio al episodio más pasado
por alto de la primera parte de la novela, pero creo que estas conclusiones
tienen una extensión más allá de este ámbito.
Se puede ver cada intercalación de la primera parte, sea novela
sentimental, novela morisca o novela pastoral, como un pequeño drama
que demora el desarrollo de la trama principal. También aumentan
nuestra anticipación, nuestro deseo de saber la conclusión
en momentos estratégicos del desarrollo. Es decir, las interpolaciones
son tangenciales en términos de la trama, pero esenciales en términos
de la creación del suspenso.
Obras citadas
Cervantes, Miguel de. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la
Mancha. Vol. 1. Ed. Luis Murillo. 5a.
ed. Madrid: Clásicos Castalia, 1991.
«Dramatic Irony». A Handbook to Literature.
Eds. W. Harmon y C. H. Holman. 7a. ed. New Jersey:
Prentice Hall, 1996.
Driskell, Leon V. «Interpolated Tales in Joseph Andrews
and Don Quixote: The Dramatic Method as Instruction». South
Atlantic Review 33.3 (1968): 5-8.
Dudley, Edward. «Don Quijote as Magus: The Rhetoric of
Interpolation». Bulletin of Hispanic Studies 49
(1972): 355-68.
Gibson, Walker. «Authors, Speakers, Readers, and Mock Readers».
Reader-Response
Criticism: From Formalism to Post-Structuralism. Ed. J. P. Tompkins.
Baltimore; London: Johns Hopkins UP, 1980. 1-6.
Márquez Villanueva, Francisco. Personajes y temas del
Quijote. Madrid: Taurus, 1975.
Neuschäfer, Hans-Jorg. La ética del Quijote: función
de las novelas intercaladas. Madrid: Gredos, 1999.
«Suspense». A Handbook to Literature.
Eds. W. Harmon y C. H. Holman. 7a. ed. New Jersey:
Prentice Hall, 1996.
|
Reginald Snoddy
The University of Oklahoma
Dept. of Modern Languages, Literatures, & Linguistics
Norman, Oklahoma 73019
E-mail: <regis@ou.edu>
Los rebuznadores de la segunda parte del Quijote de Miguel de
Cervantes
La narrativa
intercalada de los rebuznadores, en la segunda parte de El ingenioso
hidalgo Don Quijote de la Mancha (1615), es más que un mero
cuento folklórico. Es una apertura a la mente de su autor,
Miguel de Cervantes. Revela al lector algunas de las ideas cervantinas
más importantes de la novela.
Es muy fácil
pasar por alto la narrativa de los rebuznadores y considerarla como nada
más que un simple cuento folklórico que quiere hacer reír
al lector. Por esa razón, muchos críticos no incluyen
comentarios sobre la narrativa en sus análisis de la novela.
O si incluyen un comentario sobre «Los rebuznadores», es poco
más que un resumen de un cuento cómico. En el prólogo
de su libro Aproximación al Quijote, Martín de Riquer
explica, «Este libro pretende ofrecer al lector actual una serie
de informaciones [. . .] que le permitan acercarse al Quijote de
Miguel de Cervantes [. . .] para comprender las intenciones del escritor»
(Riquer 7). Pero su análisis de «La aventura del rebuzno»
empieza así: «El episodio de maese Pedro y su retablo está
intercalado en la aventura o cuento del rebuzno [. . .]» (Riquer
147). El párrafo sigue con un resumen brevísimo de
lo que ocurre en la narrativa. No se refiere a la narrativa como
parte integral de la novela, sino como nada más que «la aventura
o cuento» interrumpida por «El retablo de Maese Pedro».
Tampoco menciona que «El retablo de Maese Pedro» ocupa un sólo
capítulo mientras que «Los rebuznadores» ocupa tres;
los capítulos 25, 27, 55.
Es cierto que
la narrativa de los rebuznadores es un cuento folklórico, y es cierto
que el autor, Miguel de Cervantes quiere hacer reír al lector.
Dice Cervantes en el prólogo de la primera parte, «[. . .]
procurad también que leyendo vuestra historia el melancólico
se mueva a risa, el risueño la acreciente» (Cervantes, Don
Quijote, 1, Prólogo). El humor es, por lo tanto, un elemento
básico de la novela. No obstante, el humor no es el único
elemento importante en la historia de los rebuznadores. Esta breve
investigación quiere mostrar el valor de la narrativa de los rebuznadores
con relación a la novela entera, en cuanto a los siguientes elementos:
el humor, el espíritu erasmista, la manera en que Cervantes ve la
guerra y la forma y trayectoria estilística de la novela.
Cervantes usa
la figura del burro para evocar el humor. En varios episodios de
ambas partes de la novela, la figura del burro aparece como sujeto cómico-ridículo,
una tendencia literaria que tiene larga historia. Según el
critico Stanislav Zimic, en su libro Los cuentos y las novelas del Quijote,
el burro sirve como «símbolo universal y sempiterno de la
estupidez y la ignorancia [. . .] que, de un modo u otro, es la causa de
cómicas, ridículas, absurdas o festivas rivalidades, contiendas,
pendencias, guerras [. . .]» (Zimic 253).
En la primera
parte, el burro se ve en contraste con el caballo de Don Quijote, creando
así una imagen cómico-ridícula, tal como la relación
entre el escudero bajo, gordo y realista, y su amo alto, delgado e idealista.
Más tarde, en la segunda parte, cuando Sancho y Don Quijote llegan
a la corte de los duques, Sancho se preocupa por el burro tanto como si
fuera su propia criatura. Sancho explica, «Malos sean que me
quedan por vivir [. . .] sólo lo dije porque es tan grande el cariño
que tengo a mi jumento, que me pareció que no podía encomendarle
a persona más caritativa que a la señora doña Rodríguez»
(Cervantes, Don Quijote 2, 276).
Los burros son,
aparentemente, muy valiosos en la época de Don Quijote. En
el capítulo 25, «Donde se apunta la aventura del rebuzno y
la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino»,
un hombre cuenta la historia de los rebuznadores a Don Quijote y Sancho.
Cuenta que dos regidores, en búsqueda de un sólo burro perdido
en las montañas, se jactan de cuán buenos rebuznadores son.
Un regidor comenta al otro, «Ahora digo [. . .] que de vos a un asno,
compadre, no hay alguna diferencia, en cuanto toca al rebuznar» (231-232).
Más tarde, el mismo regidor responde a un comentario del otro, diciendo,
«Ahora digo [. . .] que me tendré y estimaré en más
de aquí adelante gracia; que puesto que rebuznaba bien, nunca entendí
que llegaba al estremo que decís» (232). Estas alabanzas
en el capítulo veintisiete se toman por insultos, hasta estallar
los indicios de una guerra entre los pueblos de los dos regidores.
El humor cómico-ridículo de este episodio se ve no solamente
en el hecho de que dos seres humanos se jactan de cuán buenos son
en imitar a un burro, sino también en cómo estalla la guerra
entre sus pueblos. Stanislav Zimic, en su libro Los cuentos y
las novelas de Don Quijote, explica: «[. . .] los rebuznadores
declaran la guerra al oírse reconocidos como excelentes en tal práctica.
¿No es quizás precisamente el reconocimiento de esta ‘excelencia’
la ‘honra’ específica a que sus ‘regidores’ aspiraban?» (Zimic
263).
Más tarde,
cuando Don Quijote y Sancho intentan resolver el conflicto entre los dos
pueblos, salen apedreados por los rebuznadores y tienen que huir.
Según el crítico P. E. Russell, este encuentro también
puede ser interpretado como un episodio cómico, ya que Don Quijote
y Sancho no salen con mucho daño físico. En su artículo
«Don Quijote as a Funny Book», Russell dice lo siguiente: "Cervantes
and his contemporaries had views about what was funny which differed in
various respects from ours. They believed that laughter and the ridiculous
were provoked by some form of ugliness [. . .] if it was to be laughable,
it must be incapable of causing serious harm. It was on this basis
that the age justified its view that insanity, provided it was not too
violent, was funny" (Russell 320-321). Asimismo, como en casi todas
las derrotas que sufre Don Quijote, la guerra de los rebuznadores también
se puede ver como un episodio cómico-ridículo. Sus
indicios son «ugly», pero nadie, según se cuenta, sale
gravemente herido. No es difícil leer y entender que la narrativa
de los rebuznadores tiene el humor como uno de sus propósitos.
Sólo tiene que leer el título del capítulo 25 para
ver eso: «Donde se apunta la aventura del rebuzno [. . .]».
Pero al investigar
más allá del humor, el lector puede ver que este cuento folklórico
va más allá que cualquier episodio de un ‘funny book’.
P. E. Russell admite, «in electing to consider Don Quijote
as a funny book, I do not think that I am denying it either profundity
as a work of art or its own kind of seriousness» (313). Hay
elementos serios en la narrativa de los rebuznadores, particularmente en
el capítulo 27. Cuando Don Quijote y Sancho Panza se meten
en la narrativa e intentan aconsejar a los dos pueblos, se revela un mensaje
erasmista.
Cervantes, en
más de una ocasión, elige usar a sus personajes como portavoces
de sus opiniones. En la primera parte de la novela, Cervantes emplea
la voz de Don Quijote para expresar sus opiniones en cuanto al hombre de
letras en comparación con el hombre de armas. En los últimos
capítulos de la primera parte, Cervantes usa la voz del canónigo
para expresarse en cuanto al valor de las Sagradas Escrituras, comparado
con el de las novelas de caballería. Asimismo, Cervantes emplea
a Don Quijote como portavoz de sus ideas erasmistas. Cervantes, por
medio de su caballero andante, dice lo siguiente: «Los varones prudentes
[. . .] por cuatro razones han de tomar las armas y desenvainar las espadas
[. . .] la primera por defender la fe católica; la segunda, por
defender su vida, que es ley natural y divina; la tercera, en defensa de
su honor, de su familia y hacienda; la cuarta, en servicio a su rey [.
. .]» (Cervantes, Don Quijote, 254; 2.27). El discurso
se dirige a los rebuznadores, quienes están a punto de guerra.
En estas pocas líneas, el lector puede ver que Cervantes valora
la prudencia del hombre sobre la violencia en los conflictos. Otro
mensaje entre estas líneas es que el hombre no debe usar la violencia,
a menos que no encuentre otra salida. Estas ideas humanistas van
directamente con la idea erasmista de que el sufrimiento vale más
que el vencimiento de cualquier agravio.
Según
G. B. Palacín Iglesias, en su libro En torno al “Quijote”,
Miguel de Cervantes, quien nació apenas once años después
que Erasmo de Roterdam (1446-1536), comparte muchas ideas con el filósofo
holandés: «busca la verdad, del saber; grandeza y profundidad
de pensamiento; contraste de ideas sublimes con la realidad; ironía
seria y risueña; fuerte sentido humanista y humanizante» (Palacín
52).
No debe ser
muy sorprendente que haya paralelos entre los dos, que ambos sean hijos
del Renacimiento. Lo que es sorprendente, en efecto, es la falta
de citas directas de Erasmo. Aparecen en la primera y la segunda
parte citas de otros filósofos y pensadores, pero ninguna de Erasmo,
con quien Cervantes comparte tantas ideas. Esto explica bien Palacín:
«Creo [. . .] que la influencia del humanista holandés está
en el Quijote mediante el gusto del autor por las doctrinas de aquél,
lo que llamamos erasmismo, que se desarrolló en España en
las décadas tercera y cuarta del siglo XVI y continuó en
espíritus cultos españoles hasta bien entrado en el siglo
XVII» (55-56).
El hecho de
que las doctrinas de Erasmo fueron censurados por la Inquisición
española durante la vida de Cervantes, quién vivió
hasta 1616, explica por qué el erasmismo tenía que seguir
desarrollándose en espíritus cultos. También
explica por qué no cita ni menciona a Erasmo. En la narrativa
de
los rebuznadores, el espíritu erasmista aparece en la voz de Don
Quijote. Pero Cervantes, consciente de la amenaza que representaba
la Inquisición, elige cerrar su sermón con altas referencias
a las Sagradas Escrituras. Dice Cervantes, por medio de su caballero
andante, ahora como buen cristiano viejo, en cuanto al tomar de las armas,
«parece que quien las toma carece de todo razonable discurso; cuanto
más que el tomar venganza injusta, que justo no puede haber alguna
que lo sea, va directamente contra la santa ley que profesamos
[. . .]» (Cervantes, Don Quijote, segunda parte, 254).
Con estas mismas
ideas se puede interpretar que Cervantes, con el mismo discurso de Don
Quijote y por medio de la sátira, da su opinión de lo que
no es una guerra justa. «El episodio del rebuzno es una de
las representaciones satíricas literarias más punzantes e
ingeniosas de la condena erasmiana de la guerra que comúnmente ‘no
es otra cosa que una riña personal extendida a los demás’,
a todo el pueblo [. . .]» (Zimic). Este es el caso en la narrativa
de los rebuznadores, una contienda entre dos regidores que se extiende
a sus pueblos y llega hasta el punto que toman las armas. Es importante
notar lo que dice Don Quijote al principio de su discurso a los rebuznadores:
«Días ha que he sabido de vuestra desgracia y la causa que
os mueve a tomar las armas a cada paso, para vengaros de vuestros enemigos
[. . .] y hallo [. . .] que estáis engañados en teneros por
afrentados [. . .]» (Cervantes, Don Quijote 2.253).
Por medio de su portavoz, que es Don Quijote, Cervantes expresa que
la guerra de los rebuznadores «carece de todo razonable discurso»
y «va directamente contra la santa ley» (253).
¿Qué,
entonces, es una guerra justa para Cervantes? Según dice Zimic,
«[. . .] probable es que para entonces ya considerase [Cervantes]
todas las guerras, siempre con la posible excepción de Lepanto,
por completo dicotómicas con la razón y la moralidad»
(Zimic 265). Esto se puede afirmar por lo que expresa Cervantes en
el prólogo de la segunda parte. Escribe Cervantes al referirse
a la guerra de Lepanto que era «la más alta ocasión
que vieron los siglos pasados» (Cervantes, Don Quijote 2,
prólogo). Debe ser que la guerra de Lepanto incorporó,
para Cervantes, una defensa de la fe, la vida, la honra, la familia y la
hacienda, o sea todo lo que la guerra de los rebuznadores no incorpora.
En la primera
parte, donde Don Quijote tiene menos lucidos intervalos, el ingenioso hidalgo
se porta más como caballero andante. En su encuentro con los
galeotes, en el capítulo 22 de la primera parte, Don Quijote elige
luchar por lo que considera una causa justa. El «caballero
andante», aunque loco, actúa como juez al liberar a los galeotes.
Escucha sus historias y decide actuar en contra de las órdenes del
gobierno. Según observa el crítico José Nieto,
«Don Quijote actúa aquí más bien como un forajido
fuera de la Ley que como el Quijote de todos los otros episodios.
O sea, Don Quijote se toma la justicia por su mano [. . .] para realizar
una justicia social de reforma de los prisioneros que la Ley y el Rey no
estaban dispuestos a acometer» (Nieto 70).
Desgraciadamente,
Don Quijote sale, otra vez, apedreado por quienes intenta ayudar.
Pero a pesar de que los galeotes lo desprecian, no se debe menospreciar
el doble mensaje de Cervantes en este episodio. Edward Dudley explica
bien y es el primero en observar que, «As caballero andante
he [Don Quijote] must function as a transformer of other peoples’ realites»
(Dudley 358). El segundo mensaje es una crítica político-social
que, en el encuentro con los galeotes, se expresa contra el Rey, su Ley
y la Santa Hermandad de España.
Dicho esto,
que la guerra de los rebuznadores puede servir como sátira de una
guerra injusta, se puede concluir que la huida de Don Quijote no es un
acto de cobardía, sino una huida de la necedad. En comparación
con las batallas de la primera parte, la huida de Don Quijote se puede
interpretar como un acto de cobardía. Pero también
se puede ver como una reacción erasmista, eligiendo sufrir en lugar
de vencer al que causa el sufrimiento. Zimic da su explicación
en cuanto a la huida de Quijote: «Don Quijote no es cobarde, pero
tampoco es ya temerario, como en la Primera parte. Ahora es casi
siempre muy discreto; en este caso lo prueba huyendo de los rebuznadores,
no pudiendo hacer nada por Sancho y sabiendo que nada serviría para
pacificar a esos enloquecidos hombres» (Zimic 264). De acuerdo
con Zimic, su huida, aunque no representante de un verdadero caballero
andante, representa otro lúcido intervalo de Don Quijote.
En cuanto a
la forma de la obra, la narrativa de los rebuznadores refleja bien la estructura
y trayectoria de la novela. Funciona como un microcosmo de la novela
entera y sus tendencias literarias. Por ejemplo, «Los rebuznadores»
es una narrativa intercalada que va en conjunto con la primera parte.
Pero esta narrativa intercalada se distingue de las de la primera parte
por dos razones: Don Quijote la escucha sin interrumpir al narrador, y
se involucra dentro de la misma narrativa. Es decir, siguiendo el
estilo barroco de la segunda parte, la realidad y el cuento, o sea la verdad
y la fantasía, se mezclan. Además, la narrativa de
los rebuznadores se extiende por lo largo de la segunda parte. Empieza
en el capítulo 25 y sigue en el capítulo 27 y, como una voz
escondida de una fuga del músico barroco alemán Juan Sebastián
Bach, reaparece en el capítulo 55 con unos rebuznos de Sancho y
su burro.
Cabe notar que
la narrativa de los rebuznadores es también representativa de lo
que llama P. E. Russell uno de los «lucid intervals» de Don
Quijote. En la narrativa de los rebuznadores, los hombres son animales
y los locos, cuerdos. Son los regidores quienes se portan como burros
en el capítulo 25, y es Sancho quien se porta como asno el los capítulos
27 y 55. A propósito, Cervantes, sabedor de las Santas Escrituras,
conocía la historia de Balán y su burro, que se encuentra
en el capítulo 22 del libro de Números. En esta
historia, es la burra quien se porta como hombre. El burro, al ver
al ángel de Dios se espanta y pisotea a su dueño. La
tercera vez, Balán se enfada y le pega a su burra, después
de lo cual sigue la historia así: «Pero el Señor hizo
hablar a la burra, y ella le dijo a Balán: «-¿Se puede
saber qué te he hecho, para que me hayas pegado tres veces?
Balán respondió: -¡Te has venido burlando de mí!
Si hubiera tenido una espada en la mano, te habría matado
de inmediato. La burra contestó a Balán: -¿Acaso
no soy la burra sobre la que siempre has montado, hasta el día
de hoy? ¿Alguna vez te hice algo así? -No-respondió
Balán» (22:32-33). Y como si este encuentro no fuera
raro, Dios castiga a Balán al decir, «¿Por qué
golpeaste tres veces a tu burra? ¿No te das cuenta de que
vengo dispuesto a no dejarte pasar porque he visto que tus caminos son
malos? Cuando la burra me vio, se apartó de mí tres
veces. De no haber sido por ella, tú estarías ya muerto
y ella seguiría con vida» (22: 32-33).
En el contexto
de la historia de Balán, este encuentro no es muy cómico.
Pero con respecto a la lógica humana, es un encuentro bien raro,
bien cómico y bien ridículo, tal como la historia de los
rebuznadores.
Una situación
que se aproxima a la rareza de la historia de Balán y su burra sería
el episodio del capítulo 55, en donde Sancho y su burro caen en
una sima. Don Quijote, por casualidad, oye un clamar que sale desde
la sima, pero no reconoce la voz de Sancho hasta que su burro responde
a Don Quijote con unos rebuznos: «¡Famoso testigo! [. . .]
El rebuzno conozco, como si le pariera, y tu voz oigo, Sancho mío»,
responde Quijote al oír el rebuznar del burro. Aquí
se ve más del humor barroco de Cervantes, ya que Sancho, en el capítulo
27, se toma por asno, y el asno, en el capítulo 55, se toma por
humano.
La narrativa
intercalada de los rebuznadores es un cuento folklórico que representa
el humor cervantino. Pero también, como se ha investigado
en este breve análisis, la narrativa ofrece mucho más.
Además del humor, ofrece una vista cervantina en cuanto al espíritu
erasmista de la novela, despreciando la violencia y valorando la prudencia.
En cuanto a la guerra, ofrece la idea cervantina de que, como la mayoría
de las guerras, la de los rebuznadores no es una guerra justa, sino una
guerra necia. Y en cuanto a la forma, ofrece un microcosmo de la
estructura, el estilo y su trayectoria de la novela entera. Don Quijote
y Sancho Panza llegan a ser partes integrales de la narrativa intercalada,
mezclando la realidad con la imaginación en una tendencia hacia
el Barroco.
En suma, la
narrativa de los rebuznadores, tal como las demás narrativas intercaladas
de El ingenioso Don Quijote de la Mancha, merece una segunda, tercera
y tal vez cuarta lectura, porque lo que parece ser un mero cuento folklórico
para algunos críticos puede ser en realidad una apertura a la prolífica
mente de su autor, Miguel de Cervantes.
Obras citadas
Cervantes Saavedra, Miguel de. El ingenioso hidalgo Don Quijote
de la Mancha. Ed. Luis Murillo. 2 vols. Madrid: Editorial
Castalia, 1978.
Dudley, Edward. “Don Quijote as Magus: The Rhetoric of
Interpolation.” Bulletin of Hispanic Studies 49 (1972):
355-368.
Iglesias, Gregorio B. Palacín. En torno al “Quijote”.
Madrid: Ediciones Leira, 1965.
Nieto, José C. Consideraciones del Quijote.
Newark, Delaware: Juan de la Cuesta, 2002.
Riquer, Martín de. Aproximación al Quijote.
Barcelona: Editorial Teide, 1967.
Russell, P. E. “Don Quijote as a Funny Book.” Modern
Language Review 64 (1969): 312-326.
Santa Biblia/Holy Bible. Nueva Versión Internacional.
Miami, Florida: Editorial Vida, 1999.
Zimic, Stanislav. Los cuentos y las novelas del Quijote.
Madrid: Editorial Iberoamericana, 2003.
|
ASUNTOS
CRÍTICOS DE DISCUSIÓN PARA ESTE MES:
Tema XXII de discusión:
(abril, 2006)
Coloquio
Cervantes
Foro coordinado por Kurt
Reichenberger & A.
Robert Lauer
Para responder a este tema,
favor de mandar un mensaje a
<coloquiocervantes@ou.edu>
o a los archivos del foro:
<http://lists.ou.edu/archives/cervantes-l.html>
Encuesta:
¿Quiénes le parecen los tres personajes más
simpáticos del Quijote?
a) entre los hombres b) entre los personajes femeninos?
Por favor alegar argumentos, unas pocas líneas.
Kurt Reichenberger
Comentarios:
Para mí, el hombre más simpático es el joven campesino
Pedro Alonso. Al regreso del molino, adonde ha llevado un saco de trigo,
ve a don Quijote, apaleado por el mozo de los mercaderes de Toledo, estendido
por el suelo. Le limpia el rostro, le reconoce: es su vecino, el señor
Quijana, procura levantarle del suelo y lo sube sobre su asno. Rumbo a
la aldea oye sus disparates caballerescos sobre Valdovinos malherido y
el duque de Mantua, el moro Abindarráez y el alcaide de Antequera,
Rodrigo de Narváez. Llegan al lugar a la hora que anochecía,
pero Pedro Alonso aguarda a que fuese algo más noche „porque no
viesen al molido hidalgo“. Llegada la oscuridad, marcha a la casa de su
vecino y dice a voces: „Abran vuestras mercedes al señor Valdovinos
y al señor marqués de Mantua que viene malferido, y al señor
moro Abindarráez, que trae cautivo el valeroso Rodrigo de Narváez,
alcaide de Antequera“. Pedro Alonso, el joven labrador, es inteligente,
circunspecto y discreto. Y tiene caridad, fundamental entre las virtudes
cristianas. Con respecto a los demás candidatos masculinos estoy
indeciso: el ventero andaluz (I.2-3) apartiene a la hampa, pero es
pacífico y muy hábil para aplacar a los pendencieros. Calidad
de gran importancia en este mundo tan desordenado. Otro
candidato sería don Quijote. Tiene conceptos sumamente humanos,
pero es tan torpe en la ejecución de sus ideales que vale
preguntarse qué prevalecen: los resultados favorables o los desastres.
Con respecto a los personajes femeninos también estoy algo
indeciso. ¿Es que una de las pastoras de la fingida Arcadia merece
la corona? Su comportamiento señala gran delicadeza.
Don Quijote se ha presentado de manera fastuosa y altiva. Ella ha
leído el libro y, entusiasmada, gran admiradora de las hazañas
de su héroe, entona un gran elogio, pero tiene la delicadeza
de no dirigirse a él – quien en falsa modestia debería
protestar – , sino a su amiga. Delicadeza femenina, por la cual Cervantes,
tal vez, insinúa que esta hermosísima doncella, se ha
enamorado del héroe del libro y, en sus sueños, transformada
en Dulcinea, como él se transformó de un pobre hidalgo en
el ilustre don Quijote. Sin embargo, hay otra candidata
a la corona apetecida: la pequeña Dorotea, inteligente, altruísta
y enérgica. Abandonada por su esposo, el arrogante don Fernando,
llega a ocupar nuestra compasión y simpatía.
Maritornes, la moza asturiana, es un caso totalmente diferente, pero merece
nuestra atención. Es fea como un aborto del diablo, pero tiene
el alma caritativa. Por otro lado, se niega rotundamente a resignarse;
está convencida de que, como mujer, tiene derecho a los regocijos
del amor carnal. Y, activa y diligente, se procura una sólida
reputación de amable y muy juguetona con los huéspedes de
la venta. Ambas calidades, la caridad y las inclinaciones amorosas, las
tiene en común con las grandes pecadoras del Nuevo Testamento, comenzando
con María Magdalena, la primera entre las santas mujeres veneradas
en la época del Barroco.
Kurt Reichenberger
Comentarios:
Hace poco tiempo que Kurt Reichenberger preguntó al Coloquio
Cervantes quiénes eran, para nosotros, los personajes masculinos
y femeninos más simpáticos del Quijote. Hasta
la fecha, sólo Kurt ha opinado al respecto. He de suponer
que todos, incluso yo, estamos ocupadísimos y por eso no hemos respondido.
Responderé yo ahora, ya que tengo unos segundos libres, al menos
parcialmente.
Uno de los personajes que me provocan simpatía es el lacayo gascón
Tosilos de DQ 2.54, 56, 66. Está en el servicio del
Duque y tiene que luchar en contra de don Quijote en una justa. La
pobre hija de doña Rodríguez, quien ha perdido la virginidad
con el hijo de un labrador rico que se niega a casarse con ella para no
tener como suegra a la pobre dueña, es la pieza de diversión
de este cruel juego planeado para el entretenimiento del Duque. Sin
embargo, como sabemos, la magia del mundo de don Quijote infecta a todo
el mundo, incluso al ingenuo Tosilos, quien en 2.56 se da por vencido antes
de la justa para casarse con la hija de doña Rodríguez, de
quien se ha enamorado súbitamente (como lo haría un noble).
Aunque se conjetura que el pobre Tosilos estará encantado (encantado
en efecto por la belleza de la hija de doña Rodríguez), y
para este propósito es puesto en prisión por 15 días,
después (en 2.66) nos enteramos que doña Rodríguez
ha vuelto a Castilla y su hija ha ingresado en un convento. Tosilos
es visto por última vez en función de «cartero»
en Barcelona en 2.66.
Esta breve narrativa siempre me ha entristecido. El narrador de
la obra (Cide Hamete, Cervantes, . . . ) nos presenta a todos estos individuos
como ingenuos y acaso patéticos. Son personajes sin importancia
dentro de otros sistemas jerárquicos y textuales de más valía.
La vida de doña Rodríguez es infinitamente triste.
Como personaje, ella es también ingenua (piensa que un loco la puede
ayudar) y no muy política (habla mal de la Duquesa y de Altisidora,
pensando que nadie la oye). Su hija es acaso un poquitín más
lista, al menos al acceder a casarse con el «encantado» Tosilos
que la quiere que con el seductor que la ha olvidado. Sin embargo,
en este mundo de engaños, donde el Duque es el único guionista,
no hay posibilidad de que otros, espontáneamente, se atrevan a cambiar
las reglas del juego. Para el Duque, la espontaneidad amorosa de
Tosilos es causa de enojo porque se evita la justa que ansiaba ver el noble.
A éste, Tosilos le ha quitado su juguete, su diversión, su
fantasía. Pero en este mundo sólo el Duque puede jugar,
fantasear, divertirse, incluso enamorarse. El Duque queda decepcionado
por no lograr su propósito de entretenimiento. Las consecuencias
para Tosilos y los otros son más graves: Tosilos es encarcelado
y pierde la posibilidad de una relación amorosa matrimonial; las
dos mujeres antedichas pierden la esperanza y, en un caso, cualquier futuro
amor humano (aunque no divino).
Detallitos de este tipo podrían ser cuantitativamente suficientes,
acaso, para armar una futura revolución social. No es accidental
que la versión soviética de DQ (Don
Kikhot) [1957] enfatizara tanto la estancia de DQ en la
casa ducal.
A. Robert Lauer
Comentarios:
Entre los hombres, el más simpático para mí es
Ricote. Este personaje, tan emblemático del exilio y de las
obsesiones de la España de su época, revela también
la gran compasión de Cervantes: «Doquiera que estamos
lloramos por España; que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria
natural . . . " (II. LIV).
Alix Ingber
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Tema XXI de discusión:
(Abril, 2006)
Coloquio
Cervantes
Foro coordinado por Kurt
Reichenberger & A.
Robert Lauer
Para responder a este tema,
favor de mandar un mensaje a
<coloquiocervantes@ou.edu>
o a los archivos del foro:
<http://lists.ou.edu/archives/cervantes-l.html>
¿Cómo enseñar,
entretener y deleitar
a través de las obras
de Miguel de Cervantes Saavedra?
«La sabiduría se revela en la palabra,
y la educación en la forma de hablar».
Estimadas/os amigas/os,
Quiero agradecer
a Kurt Reichenberger y Robert Lauer por la idea de continuar con el Coloquio
de Cervantes, y como resultado de ello me encantaría proponer un
nuevo tema, es decir, ¿cómo enseñar, entretener y
deleitar a través de las obras de Miguel de Cervantes Saavedra?
Ante todo, ahora
cuando hay 685 cervantistas, eruditos y aficionados de 22 países,
ubicados en 3 continentes, reunidos e informados por primera vez a través
de este Coloquio, para poder esclarecer su punto de vista en cuanto a la
vida y obra del Manco de Lepanto.
Para llevar
a cabo este tema quisiera pedir a nuestros queridos amigos Kurt y Robert
proponer la estructura de esta discusión y formar un comité
de al menos 22 estudiosos más prestigiosos, quienes representarán
sus países; antes que nada, pido invitar a los eruditos de los países
africanos, árabes, asiáticos, y latinoamericanos, de cuyos
métodos de enseñaza de las obras cervantinas sabemos muy
poco, por no decir nada, métodos de una necesidad imperiosa, de
una utilidad indiscutible y de buen éxito.
Estos representantes
deberían formar unos grupos representativos en sus países
con el objeto de enviar los temas o presentar las preguntas al Coloquio
de Cervantes, así como enseñarnos e intercambiar con nosotros
sus métodos de enseñaza imprescindibles de las obras cervantinas
y las estrategias apropiadas de aprendizaje eficaz que nos permiten incrementar
el aprendizaje y perfeccionar la educación de las nuevas generaciones.
Los objetos de este debate serán, a título de ejemplo,
facilitar la reflexión crítica, la enseñanza creativa,
la interrogación didáctica, descubrir el placer de la lectura,
crear lectores activos; desarrollar «el arte del rhetor»; reducir
las interpretaciones equivocadas en abundancia y ampliar lo esencial de
las obras cervantinas, tarea ardua y peligrosa, pero digna de un cervantista-pedagogo;
presentar qué es lo que deseamos que nuestros estudiantes y público
aprendan y sean capaces de reproducir y asociar con su vida cotidiana el
texto cervantino, y qué es lo que dignifican y elevan en sus aulas
universitarias, materiales de elevada propensión.
Sería
de mucho provecho para todos enfocarnos en todas las obras cervantinas,
sin embargo, al principio propongo concentrarnos en las obras obligatorias,
claro que no de todas las universidades, como el Don Quijote de la Mancha,
las Novelas ejemplares, las Ocho comedias y entremeses y
La
Galatea.
Huelga mencionar
que enseñar es un acto creador, un acto crítico, no mecánico
y espero que seamos capaces de experimentar el placer del texto cervantino
a través del Coloquio de Cervantes, ya que la enseñanza de
la literatura es la formación de buenos ciudadanos, es una excelente
herramienta humanizadora, y si ésta desaparece sin dejar rastro
de los currículos, cómo vamos a superar la crisis de valores,
estimulada por la tolerancia de anti-valores y la búsqueda de didácticas
alternativas para textos clásicos.
Confío
en Ustedes que expongan honradamente sus estrategias y tomen una parte
activa en esta comunicación exhibiendo sus reflexiones que nos trasladen
a una valoración de la Literatura y del texto cervantino como formación
de los valores olvidados y perdidos con el fin de desarrollar criterios
para la mejor formación de nuestros estudiantes y público,
de lucirnos con unos ejemplos que nos conviene admirar, mediar y seguir.
Krzysztof Sliwa.
Laus in Excelsis Deo
Comentarios:
Estimados colegas,
Me entristece que el tema de discusión propuesto por Chris Sliwa
anteriormente, a saber, («¿Cómo enseñar,
entretener y deleitar a través de las obras de Miguel de Cervantes
Saavedra?») no ha tenido resonancia todavía, a pesar de lo
valioso que las aportaciones nuestras pudieran brindar al tema. De
nuevo, por razón de tiempo, no he podido yo mismo contribuir a la
discusión, y acaso los colegas esperan que Kurt y yo (en función
de coordinadores del Coloquio Cervantes) demos «los primeros golpes»,
como se diría en la obra del Cid. Van adelante, por
lo tanto, mis primeras palabras, como las del épico Per («el
mudo») Bermúdez. Se espera que haya Minayas en la retaguardia.
Algo que se podría afirmar respecto a Cervantes (después
de haber leído sus obras, aunque no todas con la misma profundidad
crítica) es que es imposible, acaso inútil, hacer cualquier
afirmación ideológica sobre su ficción. Acabo
de leer un comentario de la amable colega Alix Ingber sobre Ricote como
personaje emblemático del exilio. Me hizo pensar sobre lo
triste que tuvo que haber sido la experiencia de individuos como él
en esos años tan nefastos de 1609-1614. ¿Cuál
fue su crimen para que tuviera que abandonar ese territorio que él
mismo declara, sin ambigüedad, que ama tanto? Sabemos, como
afirma, el historiador John Lynch en su obra magistral, Spain under
the Hapsburgs, que la expulsión de los moriscos fue inútil,
absurda e injusta. Sabemos a la vez que tanto el Papa como la Inquisición
se opusieron--sin éxito--a la política del acaso menos prudente
Felipe III. Al escribir estas últimas palabras me doy cuenta
a la vez de las manifestaciones que ocurrieron ayer en varias ciudades
de EEUU en contra de las leyes nuevas de inmigración que transforman
a los 12 millones de inmigrantes ilegales de este país en criminales
culpables de delito mayor (“felony”).
Acabo de ver en el New York Times de hoy una imagen de un arzobispo
frente a los manifestantes en la capital estadonidense, frente al monumento
en conmemoración de Lincoln. Es acaso inevitable, al nivel
del inconsciente humano, asociar un suceso con otro, ya que acaso haya
puntos de congruencia. De repente, ese Ricote cervantino se me ha
convertido en un Rubén Arita; a la vez, la única diferencia
que veo entre 300.000 (moriscos [en 1609]) y 12.000.000 (hoy) es acaso
numérica (un buen cabalista vería acaso una misteriosa relación
entre ese 3 y ese 12, que no es más que un 1 + 2, que equivaldría
a un 3). Pongo fin a esta inesperada digresión, que
a mí mismo me sorprende, y vuelvo al tema en cuestión.
Sin embargo, no creo que haya sido totalmente inútil. En cualquier
contexto pedagógico tenemos que hacer relaciones entre sucesos (eso
hacen los historiadores: historein > inquirir > saber). En
teología leemos el mismo suceso desde varias focalizaciones (cf.
los sentidos literal y espiritual: metafórico, moral, anagógico
[Summa Theologiae 1.1.10]). En física podemos «captar»
lo inimaginable por medio de las teorías de la supersimetría
(o sea, «todo» está «ahí»).
Esa simpatía o compasión que parece demostrar Cervantes
en el caso de Ricote no se ve en una obra como El amante liberal,
donde tanto musulmanes como judíos son vistos en la forma más
despiadada posible. Si lo que hay en esta segunda obra es una parodia,
como sugiere Peter N. Dunn en “The Play of Desire: El amante liberal
and El casamiento engañoso y El coloquio de los perros,”
A
Companion to Cervantes’s Novelas ejemplares, ed. Stephen Boyd (Londres:
Támesis, 2005) [ISBN: 1-85566-118-7], 85-103, entonces el problema
es mío, pues aparentemente me falta un buen sentido de ironía
para entender una parodia, y entonces no hay problema alguno. ¿Pero
hay también parodia o ironía en la sutil visión de
la corte isabelina de La española inglesa o, como parece
insistir la crítica, tolerancia por el «Otro»?
Antes me habría inclinado hacia lo último (y me habría
sentido feliz, además). Después de leer el bello artículo
de Isabel Torres ("Now you see it, now you . . . see it again? The Dynamics
of Doubling in La española inglesa," Boyd, Companion
115-133), me es imposible. ¿Hay en efecto una idealización
de los gitanos en La gitanilla o, irónicamente, lo contrario?
Me doy cuenta que para afirmar cualquier cosa de Cervantes, tenemos
que habernos leído todo Cervantes. Aún así,
siempre es saludable recordar el ensayo de Oscar Wilde sobre “The Decay
of Lying.” En efecto, mientras mejor mienta un autor de ficción
mejor. Por lo tanto, acaso sea imposible decir nada cierto sobre
ninguna observación ideológica cervantina. Por lo tanto,
para enseñar a Cervantes, sugiero que se lea su obra entera, sabiendo,
no obstante, que nunca será suficiente una o múltiples lecturas,
sobre todo si nos valemos de esa palabra tan nefasta como el de la supuesta
ironía cervantina.
Para lo que valga, proporciono dos páginas electrónicas
sobre dos cursos en que incluyo a Cervantes.
SPAN 5203: <http://faculty-staff.ou.edu/L/A-Robert.R.Lauer-1/SPAN5203.html>
SPAN 5603: <http://faculty-staff.ou.edu/L/A-Robert.R.Lauer-1/SPAN5603.html>
Y como el bueno de Per Bermúdez, callo ahora.
A. Robert Lauer
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