Decimotercero tema de discusión:
(OCTUBRE)

Coloquio Cervantes
Coordinado por Kurt Reichenberger & A. Robert Lauer

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Escenas teatrales (II)

Andrés azotado y un juez de tarda comprensión

El episodio con el joven Andrés, la primera hazaña de don Quijote--armado caballero por el ventero andaluz y las dos rameras como testigas--tiene aspecto de un entremés, a la manera del irónico entremés «Los alcaldes de Daganzo». Tres personajes: Juan Haldudo el Rico, labrador terrateniente y ganadero, hombre severo, pero justo; au pastorcillo Andrés, un joven taimado; y, como juez compasivo, de tarda comprensión, nuestro protagonista.  El código de la caballería andante estipula que sus seguidores deben eliminar la injusticia del mundo y socorrer a los oprimidos. Es éste un estatuto muy digno de loa, y don Quijote arde en deseos de mostrar su valía. La ocasión se le presenta antes de lo esperado. De la espesura de un bosquecillo se alzan gritos de dolor. Don Quijote entra en el bosque y ve a un joven atado al tronco de un árbol y un varón que le azota al tiempo que le reprende: que cada día falta una de sus ovejas.  Movido e indignado de tanta crueldad, don Quijote no repara en lo que balbucea el muchacho azotado:

No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato.

Un lector avispado entiende lo que Cervantes insinúa con el ostentativamente repetido „no lo haré otra vez“: es decir que los zagales se comían los corderos y echaban la culpa al lobo.  Pero don Quijote, esta ánima cándida, tardo en comprensión, no sospecha del pobre pastorcillo de tan baja actitud.  Adopta una postura amenazante y ordena al sayón que desligue a su víctima.  Acobardado, Juan Haludo el Rico contempla la figura del caballero y se apresura a obedecer sus órdenes.  Intenta justificar sus acciones, pero don Quijote rechaza toda discusión.  Calcula el monto de la deuda por nueve meses de servicio, con obvia falta aritmética.  El campesino, profundamente humillado, se excusa por no tener consigo el dinero, pero jura „por todas las órdenes que de caballerías hay en el mundo“ que pagará la deuda hasta el último real tan pronto como regresen a casa.  Andrés se teme lo peor e intenta oponerse a este acuerdo.  Pero el gallardo caballero no atiende a razones, pica de espuelas a Rocinante y se aleja satisfecho.  Tan pronto se pierde de vista, el campesino ata de nuevo al joven al árbol y le azota con mayor saña.  Episodio divertido, con altibajos dramáticos y, a la vez, una lección fundamental para ánimas cándidas que intentan eliminar las injusticias en el mundo: por lo general, los conflictos de intereses son tan complicados que no se puede descuidar ningún detalle, tan marginal como a primera vista pudiera parecer.


Réplicas / Replies (en español o inglés):

Mi gratitud a los trabajos de Kurt (su libro Cervantes ¿un gran satírico? es rico en sugerencias), que tiene la cabeza abierta a las complejas ecuaciones alegóricas. Magdalena es una santa estructurante en el Quijote de 1605.  Supongo que antes de fin de año estarán las Actas del Congreso de Puebla.  Allí hablé de otras dos Magdalenas, la Torralba y Zoraida, y de la construcción "magdalénica" del mismo don Quijote al final del libro.  Es un placer descubrir la intensidad con que significa esta obra y encontrar un interlocutor como Kurt. 

Todavía un poco vagamente pienso en Andresillo como Andrés, siempre caracterizado por las hagiografías por haber asistido a la multiplicación de los panes y los peces (v. I, 31).  En I, 4, azotado por Juan «Haldudo», es decir, con vestidura «apostólica», como quiso la Contrarreforma, puede apofáticamente invertir su maldad, y resultar Andrés, guiado  por Juan Bautista, maestro esenio, en la ascesis. 

Alicia Parodi
Buenos Aires