Decimocuarto tema de discusión:
(OCTUBRE)

Coloquio Cervantes
Foro coordinado por Kurt Reichenberger & A. Robert Lauer

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Escenas teatrales (III)

La noche turbulenta en la venta de Juan Palomeque, o Cervantes y la invención del personaje moderno

Vapuleados por los pastores de Yanguas, don Quijote y Sancho llegan a la venta de Juan Palomeque el Zurdo. Son acogidos por un trío femenino: la mujer del ventero; su atractiva hija; y Maritornes, la moza asturiana, mujer robusta y tan fea que parece un aborto del diablo.  En un cobertizo preparan una cama improvisada para don Quijote y, dado que su cuerpo es todo golpes y heridas, la ventera y su hija le aplican un ungüento, mientras Maritornes aguanta la candela.  Don Quijote está convencido de que la venta es un castillo y las tres mujeres damas ilustres.  Cuando la ventera y su hija desaparecen, Maritornes, caritativa, unta también a Sancho, que está no menos maltrecho que su señor.

            Al mismo tiempo, Cervantes informa a sus lectores sobre el programa de Maritornes respecto a la noche venidera. Tiene una cita con un arriero, que duerme en el mismo cobertizo; Maritornes le ha prometido visitarle.  Irónicamente, Cervantes añade que siempre acostumbra cumplir con semejantes promesas, lo que quiere decir que Maritornes es de cascos ligeros y le gusta regocijarse en las camas de los huéspedes.

            Luego ocurre un desastre, causado por don Quijote.  A media noche, cuando Maritornes entra, en camisa, tentando orientarse en la oscuridad, don Quijote la coge por el brazo, la echa sobre su cama y comienza a hablarle: de su lealtad a su Dulcinea y que, apaleado y hecho pedazos, no le será posible cumplir con sus deseos.  Cree que Maritornes es una princesa enamorada, hija atractiva del señor del Castillo.

            El arriero, celoso, se acerca; cuando percibe que Maritornes trata en vano de escapar de los brazos de don Quijote, se mete entre los dos y le da al caballero un terrible puñetazo en la cara.  La cama improvisada se derrumba y despierta al ventero por el estruendo.  Éste llega con un candil, maldiciendo a Maritornes, a quien cree motivo del alboroto nocturno.  Asustada por sus gritos furiosos, Maritornes se abriga cerca de Sancho, que duerme en paz a los pies de su señor.  Molestado por su peso, Sancho le da coces y Maritornes le da palos a Sancho.  El ventero apalea a Maritornes, el arriero a Sancho.  Se arma la marimorena.

            En el caso de que teatro se define por acción vehemente, esto puede considerarse un tope.

            Por otro lado, no cabe duda de que esta Maritornes es una de las personas más interesantes del «Quijote» de 1605. Interesante sobre todo por la mezcla irritante en los componentes de su carácter.  En vivo contraste con la atractiva hija del ventero, Maritornes es fea, y en este punto Cervantes insiste, entrando en detalles.  La fealdad, en la tradición, es atributo de los diablos, pero Maritornes tiene el ánimo lleno de compasión, unta al apaleado Sancho y al manteado le da que beber.  No cabe duda de que tiene el alma cristiana y caritativa.

            Además, Cervantes acentúa que Maritornes viene de Asturias, tierra de los godos, cristianos viejos que todos se consideran ser nobles hidalgos.  De modo que la combinación verbal moza asturiana está compuesta de conceptos incompatibles, al modo oximorónico.  También aquí Cervantes insiste con ironía evidente: los godos, se opina, son gente de estatura grande, imponente; Maritornes, considerado su pobre cuerpo, es todo menos imponente.  Por añadidura, Cervantes menciona que, por presumirse muy hidalga, nunca dio su palabra sin que la cumpliese.  Pero lo que a primera vista parece un panegírico, solamente confirma sus inclinaciones lascivas.

            Por otro lado, Cervantes insinúa mucho más.  Al dar otro vistazo a los episodios en la venta, Maritornes es la copia tipológica de María Magdalena, quien al principio de su carrera era también una gran pecadora.  En la tradición cristiana, por lo menos tres personajes han sido entreverados.  En el evangelio según San Marcos y San Mateo, Jesús es huésped de Simón el leproso.  Llega una mujer con un vaso de ungüento y unta la cabeza de Jesús.  Sus discípulos están escandalizados, ya que habrían preferido vender el vaso y distribuir el dinero entre los pobres.  Jesús rechaza su argumento, diciendo que es una obra pía, como previsión de su muerte cercana y un acto memorable (San Marcos 14, San Mateo 26, 6-13).  San Lucas describe una escena análoga en casa del fariseo Simón, más larga y más polémica.  La mujer baña los pies de Jesús con sus lágrimas y los seca con sus cabellos.  Luego unta su cabeza y Jesús le perdona sus pecados (San Lucas 7, 37-48).  En el próximo capítulo aparece María de Magdala, quien es salvada por Jesús de las garras de siete diablos.  En el texto de San Juan, el episodio se realiza en casa de Lázaro.  Con él está su hermana María, quien unta los pies de Jesús, siendo Judas quien protesta (San Juan 12, 1-8).

            Ya en tiempos antiguos la distinción entre María de Magdala y María de Betania produjo inseguridad.  Fue complicado por las pecadoras sin nombre y resultó esto en una concentración intrincada.  Desde hacia el año 1500, María Magdalena, penitente, es promovida a ser una de las santas más conocidas.  La analogía tipológica es obvia: La ventera y su hija untan solamente a don Quijote, pero Maritornes cura al pobre Sancho, quien necesita el ungüento no menos que su señor.  Maritornes, la moza asturiana, atiende a los pecados de la carne, pero tiene un corazón compasivo, y esto hace olvidar sus faltas.

            Una pregunta indiscreta al carísimo lector sería: ¿Que le parece, podemos considerar este capítulo relacionado con la vida de Miguel de Cervantes? ¿Es casi un estímulo alentador dirigido a su amada hermana Magdalena para enfrentar las desilusiones amorosas de una perra vida?


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