Cuarto
asunto crítico para dialogar:
2 de mayo-9 de mayo de 2005
Coloquio
Cervantes
Foro de discusión de
Kurt Reichenberger & A. Robert Lauer
Puede responder a la siguiente tesis, en español
o
inglés, mandando un mensaje a:
<http://lists.ou.edu/archives/cervantes-l.html>
o
al siguiente número electrónico:coloquiocervantes@ou.edu
Cervantes y la escalación de las provocaciones: el ataque
furioso de don Quijote a las inocentes ovejas.
El ataque de don Quijote a los molinos de viento,
tomado a la letra, es absurdo. Su ataque furioso a los rebaños
de ovejas parece irritante, provocador. En las parábolas del Nuevo
Testamento, las ovejas son símbolo de la paz. Embestirlas
y matarlas parece indigno de un caballero cristiano que es don Quijote.
Pero existen también indicaciones diferentes.
El vellón de los animales inocentes
alude, del mismo modo como el término moneda de molino, a ese escándalo
monetario de los vellones, monedas de cobre que, prácticamente sin
valor y que, desde 1599 / 1600 sustituían las tradicionales monedas
de plata, maniobra financiaria que ponía a salvo la caja de la Corona,
pero arruinaba las fortunas privadas, la artesanía y el comercio
del país. En ambos casos, el que ataca es un don Quijote enloquecido.
Pero los compatriotas de Cervantes entienden el mensaje cifrado: las maniobras
financiarias de Felipe III y de sus consejeros que arruinan las fortunas
privadas no son locuras menos llamativas que las de don Quijote.
Insinuaciones que rozan el crimen laesae majestatis. Parece
una maravilla que Cervantes no murió sentenciado.
A.R.L.
K.R.
Réplica:
Estimados colegas:
Precisamente en Cervantes y su mundo II,
de la editorial Reichenberger, he propuesto leer este episodio del ejército-rebaño
bajo parámetros caballerescos. Luis Andrés Murillo
había visto a nuestro personaje como a un poeta que compone una
estancia heroica y como a un guerrero que participa en la batalla; yo propuse
además ver a Don Quijote adoptando una función heráldica
en la que se detiene a describirle pormenorizadamente a Sancho las enseñas,
los escudos y su simbolismo, los lemas, las empresas, las armas, las vestimentas
de los caballeros e incluso remeda los sonidos bélicos, tal y como
sucedería en un torneo: «el relinchar de los caballos, el
tocar de los clarines, el ruido de los atambores», pero en la elección
cervantina de que sean ovejas los ejércitos estoy de acuerdo con
el
filósofo Carlos París en que, al igual que las ovejas, que
son seres dóciles, símbolos de la mansedumbre, los ejércitos,
bajo su arrogancia y matonería, siempre dispuestos para la lucha,
serían «como un tropel de disciplinadas bestias que se lleva
al matadero» (Carlos París, Fantasía y razón
moderna. Don Quijote, Odiseo y Fausto [Madrid: Alianza Editorial, 2001],
p. 76).
Por otro lado, si seguimos una lectura estructural, que acabo de hacer
para el congreso «El Quijote desde América», comprobamos
que en tres ocasiones aparecen ecos del bestiario medieval: castor, ave
fénix y armiño, mundo propio de los libros caballerescos,
poblados de animales exóticos y maravillosos, y como contraste,
Don Quijote es tres veces atropellado «por los pies de animales inmundo
y soeces»: ovejas, toros y cerdos, que no son más que animales
típicos de los campos de España.
Saludos cordiales
María José Rodilla
UAM-Iztapalapa
México D.F.
Réplica:
Hay que defender a Don Quijote contra la defensa
ingeniosa de los amigos Robert Lauer y Kurt Reichenberger. El ataque
a los rebaños es una locura, claro, pero ¿indigno de un caballero
cristiano?
Don Quijote se revela al menos responsable
de lo que hace porque puede basar su interpretación de lo que ve
(o no ve) en una teoría: la teoría de los encantadores.
Actúa así mucho más cuerdamente que los astrónomos
de la Universidad de Padova en su confrontación con Galileo Galilei.
Se basan, como él, en los libros de caballerías, en un texto,
la Biblia: «Putat enim hoc hominum genus, philosophiam -es decir,
la ciencia- esse librum quendam velut Eneida et Odissea, vera autem non
in mundo aut in natura, sed in confrontatione textuum (utor illorum verbis)
esse quaerenda», como escribe Galilei a Kepler el 19 de agosto de
1610. Estos académicos se negaron, por lo tanto, a echar al
menos un vistazo por el telescopio de Galileo Galileo, diciendo que se
trataba de una invención del demonio. Don Quijote, «cursado
en los libros de caballerías», tiene también sus razones
para ver en los rebaños ejércitos. Pero no sigue el
camino irracional de los encantadores que después de haber
sido confrontado con una realidad discrepante y no ya antes como
los astrónomos italianos. Aplica, como se ve, un método
corriente en su época (la autoridad de los textos), pero tiene además
la capacidad de justificar su comportamiento científicamente delante
de Sancho. Ventaja Quijote, se diría en el tenis. Véase
mi artículo «Los encantadores y la realidad del mundo de Don
Quijote». Actas del II Congreso Internacional de la Asociación
de Cervantistas. Nápoles, 4-9 de abril de 1994. Ed. Giuseppe
Grilli. Annali Istituto Universitario Orientale. Nápoles:
Instituto Universitario Orientale, 1995. 297-305 (y saludos a Giuseppe
Grilli).
Sebastián Neumeister
Universidad Libre de Berlín
Réplica:
Un saludo cordial para todos,
La oveja, en su significado tradicional, es
la representación de la inocencia y de de la pureza. La docilidad
de estos animales es la «animalización» de los personajes
que rodean a don Quijote. El cura, el barbero, el ama, don Antonio, entre
otros, están educados y han sido educados de acuerdo con los parámetros
cristianos del siglo XVII. Recuérdese que Dios llama «rebaño»
a sus seguidores. Es decir, sus seguidores son personas dóciles,
«buenas», que cumplen unos mandamientos, que hacen «lo
que debe hacerse». En otras palabras, ellos son «buenos
cristianos». En los personajes de la novela de Cervantes, vemos
unos personajes cuyas preocupaciones vitales no van más allá
de una normal cotidianidad. Don Quijote, al atacar este rebaño,
está atacando el conformismo, la inacción y el estatismo
de una sociedad anclada en principios y reglas morales. Sugiere,
con este hecho «absurdo» una tácita inconformidad con
el mundo que lo rodea y por eso lo quiere cambiar. Don Quijote es
el artista incomprendido (por eso es «loco»), cuestionado,
amado, atacado y odiado. El rebaño de ovejas es la representación
de una vida dócil, segura, sin riesgos, lo que llamaríamos
«normal». Por eso todos añoran a que recupere la cordura
y vuelva a ser Alonso Quijano el bueno: buen ciudadano, sigue unas leyes
sin cuestionarlas y se comporta como tal. Don Quijote, por supuesto,
se sale de estos parámetros establecidos y empieza a crear sobre
lo que está creado. Es decir, hace arte. Los demás
lo imitan temporalmente, lo insultan, lo envidian y lo tratan de volver
a la cordura ya que en sus mentes tan fijas y rigidas el «desequilibrio»
tiene que ser abolido. Es interesante anotar que ese «regreso
a la cordura» es para satisfacer el ego de una comunidad que se resiste
a aceptar otra forma de ver la vida. Por ello, cuando ya en su lecho,
moribundo, don Quijote dice que es Alonso Quijano el bueno, todos sienten
alivio a pesar de que está en los albores de la muerte.
Para concluir, creo que el ataque al rebaño
no es un ataque a la religión sino más bien un ataque a la
forma en que se ha transmitido una actitud ante la vida totalmente décil,
inactiva, no creativa, como las ovejas.
Cordialmente,
Carlos Torres
The University of Oklahoma
USA
Réplica:
Estimados colegas:
No discrepo de lo que se ha venido diciendo
en nuestro diálogo sobre las ovejas. Tan sólo quisiera
traer a colación un comentario de Karl-Ludwig Selig sobre el episodio
de las ovejas y carneros. Decía el Profesor Selig que se trata
de un episodio que plantea una escena que tiene que ver con la invención
onomástica y también con la écfrasis. Estos
términos no han aparecido en nuestra agradable conversación.
Me parece que son fundamentales para entender la escena de los carneros
y las ovejas.
Les saluda cordialmente,
Alberto Rodríguez
Dickinson College
USA
Réplica:
Cervantes, el ataque de don Quijote a los rebaños
de las ovejas y la naturaleza llamativa de evocaciones metafórico-alegóricas.
Por los expertos del arte de la retórica
la metáfora viene definida como una comparación en abreviatura:
similitudinis
ad unum verbum contracta brevitas, como lo define Cicerón en
De
oratore 3, 39, 157. Marco Fabio Quintiliano lo comenta en De institutione
oratoria: «Transfertur ergo nomen aut verbum ex eo loco
in quo proprium est, in eum in quo aut proprium deest aut translatum proprio
melius est» (o.c., 8, 6, 5).
Fin de este proceder retórico es de
un lado, informar al lector: reemplazar un asunto abstracto por una imagen
concreta, sugerente. De otro lado, se prefiere correlaciones llamativas,
chocantes que emocionan al lector o lo dejan estupefacto. Esto vale particularmente
con respecto a las alegorías, que son metáforas alargadas.
En el episodio de los rebaños de las ovejas Don Quijote ataca vehementemente.
Pero, como es típico en las evocaciones alegóricas, el objeto
de su ataque queda vagamente evocado, y no es fijado definitivamente. El
„carísimo lector“ se queda, enfrentado a una decisión más
o menos individual.
En última instancia queda abierto si
se trata de los vellones, monedas prácticamente sin valor alguno,
que arruinaron las fortunas privadas, o si es la brutalidad de algunos
nobles, como el segundón del Duque de Osuna, evocada en el episodio
de Dorotea y Luscinda, o si el objeto es la terquedad obstinada de los
frailes que fanatizan a sus „ovejas“, representadas por el ama y la sobrina.
O si es la fatal manía de disputar que, dado el carácter
pendenciero de ciertos teólogos, ha transformado los países
europeos en un campo de batallas mortales. De todos modos, don Quijote,
anciano flaco y melancólico, está presentado por su autor
como un varón intrépido que combate para deshacer injusticias
y graves abusos, en su calidad de verdadero caballero cristiano.
Notas
1 Con respecto
al trasfondo tipológico compárese Kurt Reichenberger, Cervantes,
¿un gran satírico? Los enigmas peligrosos del «Quijote»
descifrados para el carísimo lector (Estudios de literatura
97). Kassel / Barcelona 2005, capítulo 11, pp. 64-70.
Kurt Reichenberger
Kassel, Alemania
Réplica:
¿No les parece un poco reductiva esta
alegoría de los vellones? Por de pronto, los ejércitos
pelean por un motivo religioso, el casamiento de un pagano-musulmán
con una cristiana. Hay ejércitos significados por escudos
y otros por ríos. Las piedras que le tiran a don Quijote le
vacían las quijadas de muelas, lo que le vale el nombre del «Servidor
del Señor» que Sancho toma de Isaías, 52,13 y 53: el
cabllero de la triste figura se inspira en el «Rostro de dolores»,
que se recuerda en la liturgia cristiana de los miércoles santos,
aún hoy. Creo que en el Quijote hay un ir y venir del
Antiguo al Nuevo Testamento, que hay que pensar en orden a que don Quijote
intenta recrear libros antiguos con la esperanza de que el sabio escriba
uno nuevo. Estaríamos más cerca de una «poética»,
algo parecido a la idea de la literatura como «palimpsesto».
Alicia Parodi
Argentina
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